SALUD Y AMORQUÍA

CATALUÑA: EL PRINCIPIO DEL FIN DEL INDEPENDENTISMO

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El pasado martes 10 de Octubre el independentismo catalán firmó su sentencia de muerte. Ese sí, pero no, que en realidad es una negativa a una Declaración Unilateral de Independencia, le deja toda la iniciativa al gobierno de Rajoy, iniciativa que a pesar de su menor fortaleza, había ido llevando hasta entonces el independentismo. Paradójicamente el 1-O y el 3-O, el día del referéndum y el día de la huelga, no fueron sino el canto del cisne del procés. El 1-O el Estado español hizo un ridículo espantoso con sus fuerzas de seguridad reprimiendo a una parte de la sociedad civil catalana que mostraba lo bien organizada que estaba; el 3-O se producía la primera huelga política en años y, aunque amparada por la Generalitat, ésta era un éxito. Pero, una vez acabada las manifestaciones de fuerza se hacía cada vez más grande la pregunta que se le planteaba al Govern: Bueno ¿Y ahora qué? Lo coherente, fiel a su propia Ley de Referéndum , era que se hubiese proclamado la República catalana casi de inmediato, pero la fuga de importantes empresas de Cataluña a otros lugares ha hecho caer en la cuenta a un importante sector de la burguesía catalana que viene de donde viene; que su relación con el resto del Estado es la de un matrimonio mal avenido pero simbiótico y que su Dinamarca del Mediterráneo no es sino una quimera. Abrir la puerta al diálogo con Madrid o a través de unos mediadores internacionales –que por otra parte ni están, ni se les espera-, es una petición desesperada, pues el independentismo sabe de sobra que del gobierno del Estado no recibirá conmiseración alguna. Todo, a pesar de que en la sesión del Congreso de los Diputados, el diputado de ERC, Joan Tardá admitiera ante Rajoy haber forzado la legislación para que se llevara a cabo el 1-O.


Sin duda, los más coherentes en todo este procés han sido los miembros de la CUP –al fin y al cabo lo de la fuga de empresas a los anticapitalistas se la sopla- y por ello lo pagarán caro. Hasta ahora han estado protegidos por las otras fuerzas del independentismo, pero cuando el barco comience a hundirse de modo definitivo, no se dudará en arrojarlos a los pies de los caballos. Serán el chivo expiatorio de todo esto y el Estado –que ya dio un aviso con la Guardia Civil intentando entrar en su sede sin orden judicial- quedará encantado de poder deleitarse en reprimir a estos batasunizados catalufos, que a pesar de ciertas concomitancias ideológicas no comparte con la izquierda abertzale la fascinación por la violencia política y la lucha armada.


Y una vez hecho el repaso a las fuerzas políticas que conforman el independentismo, viene lo más importante ¿Qué pasará con la gente? ¿Qué les ocurrirá a todos esos catalanes que se movilizaron, que literalmente se han partido la cara en el procés? No lo sé porque no tengo ninguna bola de cristal, pero aventuro para ellos el desencanto y la frustración como paso previo a la desmovilización. En estos días se habla de la tensión que ha generado el independentismo, que si una sociedad dividida, etc…, pero no se cuenta que aquellos que jalean la senyera son personas que todos los días van a trabajar, que tienen hijos y ven el fútbol; gente en su mayoría que no está acostumbrada a la movilización constante y mucho menos a la tensión de cuando las cosas se pueden poner feas por la polarización social o por la presión estatal, internacional y/o económica. Es la maldición de la clase media, algo por otra parte, no exclusivo de la sociedad catalana, sino propio de todas las sociedades opulentas.


Y ante todo esto, ¿qué hace el Gobierno del Estado? Mientras otros más exaltados como el ciudadano Rivera claman desde hace tiempo por la aplicación del artículo 155, Rajoy, fiel a su estilo, aguardaba a que desde Cataluña se moviese ficha. Una vez que Puigdemont desbordado por las presiones hace su quiero y no puedo, Rajoy, el cerebro del hijoputismo político, ya lo tiene acorralado, porque sabe de sobra que la DUI podría haberle dado una mínima oportunidad al independentismo. Siguiente paso de don Mariano tras una reunión con el volátil Pedro Sánchez, sobreactuación por lo manifestado por Puigdemont y requerimiento para aclarar lo que dijo (aunque a buen entendedor pocas palabras bastan). Y es que, según Rajoy, para volver al redil hay que hacerlo como lo hacía Smithers cada vez que entraba en el despacho del señor Burns, de rodillas por una puerta lateral más pequeña.


Habrá elecciones próximamente en Cataluña, pues el artículo 155 se aplicará de una manera u otra en breve. Frente a un independentismo desmovilizado y frustrado nos encontraremos unos ciudadanos enfundados en la bandera española y con tufillo a azufre. Pueden ganar y a por eso van.