CARTAS DESDE AUSTRALIA

KAKADU NATIONAL PARK (II)

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(continúa el relato del viernes pasado)


Los aborígenes de Kakadu, Bininj en el norte de Kakadu, Mungguy en la zona sur, reconocen hasta seis diferentes tipos de tierra, cuyas diferentes particularidades proveen distintos beneficios al pueblo en forma de refugio, comida, espiritualidad, etc. Pudimos observar todas ellas, a veces en un paseo de un par de kilómetros podías caminar sobre tres o cuatro tipos: planicies (flat lands), rocas (Stone country), bosques de sabana (savanna Wood lands), las tierras bajas (low-lands) y marismas (wetlands), esenciales para la vida de los cientos de especies de aves que cohabitan en esta tierra sagrada y protegida. María y yo tuvimos el placer de divisar esta mezcla de paisajes a vista de pájaro, surcando el cielo en una pequeña avioneta que nos dejó la sensación de haber estado dentro de un documental. 


Fue espléndido observar como los diferentes paisajes se cosían unos a otros formando un manto de diversidad y colorido, los ríos flanqueados por acantilados, las planicies acuáticas dando lugar a pequeños bosques de sabana, el rojo de las rocas resaltado por el verde de los pastos. Diferencian también los aborígenes seis estaciones a lo largo del año, mientras los blancos sólo diferenciamos dos: la temporada de lluvias y la temporada seca. Para los aborígenes cada estación también significa un tipo de sustento que la tierra provee y ello interviene en la diferenciación de cada parte del ciclo vital del año, moviéndose a cazar y recolectar por los diferentes paisajes según temporada.


Como puede observarse, el conocimiento de los dueños ancestrales de la tierra australiana de su ecosistema se podría catalogar de casi total. La tierra proveerá si la cuidamos, amémosla, respetémosla, podría bien ser uno de sus lemas culturales. Así, como bien fuimos explicados varias veces, la mina que en tierra de Kakadu extrae Uranio deberá ser desmantelada, una vez que ahora se les reconocen de pleno derecho la posesión de sus tierras y los aborígenes no desean tenerlas alrededor. Tanto es así, que los ingenieros blancos descubrieron una masa enorme del uranio más puro jamás encontrado, y una vez el pueblo aborigen fue preguntado por políticos y magnates sobre su explotación, explicando la riqueza que proveería tanto para unos como para otros –aunque seguro que más para algunos que para los segundos-. Los pueblos Bininj Y Mungguy cerraron la conversación con un no tajante a la incursión de más maquinaria y excavación de la tierra sagrada que por más de cincuenta mil años ha proveído a todas las generaciones de las gentes de Australia. Según parece, no todos ven la solución en el dinero.



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Planeábamos senderos, rutas de visita a marismas, a subir pequeños montes desde donde divisar uno de los ecosistemas más cambiantes del planeta, a una charla de los rangers sobre las pinturas ancestrales, a una actividad para pintar con un artista local… no debo olvidar contarte sobre el arte aborigen, que tiene en Kakadu uno de sus lugares cumbre. Las espectaculares formaciones de rocas que servían de cobijo a las personas eran también galerías de arte. Una de las más famosas, Ubirr, exponía pinturas de decenas de miles de años junto o bajo otras de tan solo cincuenta. Protegidos por una plana placa de piedra que sobresalía paralela al suelo cual visera de gorra, los cazadores y pescadores se convertían en artistas plasmando sobre las paredes las presas que Kakadu les había proveído.


Para los aborígenes, al contrario que para la mayoría de sociedades, la pintura final no era tan importante. El objetivo no era crear una obra de gran belleza y recibir alabanzas por ello, aunque claro está que si pintaban era porque tenían un sentido de la estética y la belleza, sino que la propia actividad y lo que está proporcionaba era el objetivo y lo primordial, el durante, la experiencia del entrar en éxtasis pintando y el agradecimiento a la tierra por ofrecerles era lo que se anteponía al resultado. Por eso era que se permitía pintar sobre otras pinturas viejas, y en varias paredes se podía apreciar las diferentes capas y dibujos unos sobre otros. Esta peculiaridad de imponer la experiencia al resultado me trae a la mente la diferencia fundamental entre otras dos culturas y sus formas de pensar que me apasiona y me hace reflexionar: estas dos culturas son la llamada occidental y la llamada de oriental. 


Según filósofos, historiadores y otros estudiosos la mayor diferencia entre la cultura del oeste y la del este radica en su forma de pensar, de usar la mente es que la primera está enfocada en el resultado, utilizando el pensamiento lógico deductivo, mientras que en las diferentes formas filosóficas orientales prima la experiencia, el sentir y apreciar sobre todo la conexión existente entre todo lo que existe. Se me ocurre que puede que fuera beneficioso contagiarnos de ese aspecto de la cultura aborigen y oriental en nuestra civilización occidental y comenzar a valorar el sentir, experimentar y al proceso que al resultado final.


Kakadu National Park