CARTAS DESDE AUSTRALIA

KAKADU NATIONAL PARK

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El calor iba aumentando a medida que subíamos por el mapa hacia el centro norte de Australia. Estábamos llegando a Darwin y el paisaje se iba volviendo tropical. La ciudad más poblada y capital del territorio del norte abre ante tus ojos el mar de Timor, en donde no quieres bañarte al menos que quieras ser devorado por un cocodrilo. Habíamos llegado a la ciudad más septentrional de Australia, a la civilización en medio de lo salvaje, pero no pasamos mucho tiempo allí. Paseamos por un parque tropical junto al mar, visitamos una galería de arte aborigen, hicimos unas compras, exploramos otro parque en el que una laguna vigilada te promete no ser atacado por los lagartos más grandes del planeta. Era una ciudad pequeña, agradable, pero poco más teníamos que hacer allí.


A lo que veníamos aquí tan lejos, recorriendo miles de kilómetros, atravesando mucha nada era a ver el esplendor de la naturaleza salvaje. A ambos lados de la carretera que te lleva a la punta norte de Australia hay dos parques nacionales, cercanos y totalmente diferentes. Primeros fuimos al pequeño, Litchfield National Park aseguraba piscinas de agua fresca donde apaciguar el extenuante calor. Y a todas ellas fuimos, era como estar en un parque acuático natural rodeado de familias y viajeros, no siendo de extrañar tanta compañía al ser estas pozas uno de los pocos lugares donde refrescarte en este extenuante calor del norte australiano con la seguridad de no tener la compañía de los verdes amigos de los dinosaurios.


Otro punto fuerte de Litchfield eran los termiteros. Aunque hay termiteros esparcidos por prácticamente todo el norte australiano, aquí habitan unas termitas un tanto especiales, sobre todo en cuanto a arquitectura se refiere: las termitas magnéticas construyen su torre vivienda acorde con los polos magnéticos del norte y el sur del planeta. Siempre. En un experimento, los científicos modificaron los polos magnéticos alrededor de varios termiteros con la ayuda de imanes. El resultado fue que las termitas comenzaron a reconstruir sus termiteros haciendo coincidir los extremos de la cresta que surge del suelo y que es su casa con los nuevos polos magnéticos. Estos seres diminutos demuestran una inteligencia asombrosa y nos recuerdan una vez más de que por muy pequeño que se parezca, el trabajo en equipo puede crear cosas maravillosas. Las termitas catedrales construyen pináculos de hasta seis metros de altura y aunque recuerdo que ya utilice esta metáfora para los pináculos de tierra caliza de Australia del Oeste que nadie sabe cómo se formaron, no puedo ayudarme en no utilizarla viendo las catedrales que construyen las termitas: este tipo de mini-hormiga debió de tomar clases de Antoni Gaudí, pues es este quien pareciera diseñar cada una de las imponentes termiteras llamadas catedrales.


El parque nacional al otro lado de la autovía es Kakadú. Abarca una extensísima y variopinta cantidad de tierra en la que diferentes paisajes que cumplen diferentes funciones dentro del ecosistema que sostienen nos enseña las relaciones espontáneas dentro de la naturaleza. Es aquí donde hemos sentido la cultura aborigen más viva, más latente, y donde mejor pudimos empaparnos de ella. En realidad, todo en Kakadú tiene que ver con los aborígenes, están ligados, unidos los unos a los otros y no se podría entender esta tierra sin sus humanos ni a los aborígenes sin su tierra. Porque sí, las diferentes tribus que forman la comunidad de aborígenes de la tierra de Kakadú son los dueños de esta, por tradición y derecho que ganaron definitivamente en la década de los setenta tras una larga lucha y negociación con los colonizadores. La gestión del parque nacional se la reparten a partes iguales rangers aborígenes y blancos.



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Los aborígenes dueños de estas tierras permiten que los turistas la visitemos con la intención de que aprendamos sobre ella y sobre su cultura. También se llevan parte de la recaudación. La relación de los dueños tradicionales de Australia con su tierra es diferente a la de los hombres occidentales. Ellos hablan y tratan el country, -como se refieren a la tierra- como si este fuera una persona: visitan su tierra, perciben si esta triste o alegre, le piden ayuda y la cuidan, la respetan como aprendieron a respetar a los adultos de su tribu, los cuales pasan la sabiduría de su cultura de generación en generación. Hay partes del parque nacional que están restringidas al acceso de cualquier persona no aborigen. Para que los rangers blancos puedan visitar ciertas zonas deben pedir permiso a la tribu que mora en ella y realizar un ritual para poder adentrarse en tierras de poderosos espíritus de forma segura.


Esto último me introduce a una de las partes más importantes de la cultura aborigen, la tradición de las historias de los sueños. Los cuentos, historias de los sueños, son cortos relatos que esconden una moraleja para mostrar, especialmente a las generaciones jóvenes, las costumbres y la forma de relacionarse con el resto de la sociedad de su tribu y con su country, su tierra. Algunas sorprenden por simples, pero la simpleza afila el aprendizaje que de la historia se quiere mostrar. Recuerdo que algunas de ellas se basan en el primer tiempo de los sueños, en el cual los maravillosos seres con super poderes crearon todo lo que hay, la tierra de Kakadú, las montañas, los ríos, el mar, los animales y las personas… uno de los seres más poderosos del tiempo de los sueños y la creación es la rainbow serpent –serpiente de arcoiris- la cual daba forma a la tierra creando ríos y piscinas de agua, montañas y rocas y que vive dormida descansando en un lugar preciso y sagrado. Esta historia recuerda a los aborígenes su poderosa presencia en todo el paisaje y su obligación de cuidar la tierra que les provee todo lo que necesitan. 


La serpiente arcoiris está presente en muchos grupos y tribus diferentes a lo largo y ancho de Australia, siendo importante tener en cuenta que la cultura puede cambiar un poco en diferentes zonas de este extenso continente. Eso sí, en todos los grupos hay un claro denominador común: el respeto, cuidado, devoción y amor por la tierra que les dio y da la vida.

Percibí, que en muchos de los sueños –historias- que se cuentan de generación en generación en forma de tradición y educación la culpa está presente como catalizadora del internamiento de la enseñanza. Sería algo así como que la moraleja de esos sueños nos dice: no debes hacer esto que se cuenta en el cuento, pues si lo haces, tú y/o tu clan recibirán un castigo divino por parte de las fuerzas de la naturaleza. ¿No recuerda esto mucho a la mayoría de religiones que han dominado el pensamiento occidental durante los últimos milenios? Reconozco que si tantas culturas utilizan el miedo y la culpa para enseñar, debe tener algún valor para ello, pero soy bastante reticente a pensar que sea la mejor manera de mostrar el camino a seguir a las generaciones venideras, personalmente pienso que debería ser usado con mesura y cuidado en el análisis.


Hay otras conexiones observables entre la cultura aborigen y religiones o filosofías de otros lares que se me hacen obvias. Una que se podría decir universal es la adjudicación de la creación de la tierra y todo lo que en ella hay incluyendo los humanos a seres sobrenaturales de cuyos poderes debemos ser temerosos y mostrarles siempre respeto y alabanza. Puede que después de todo, los humanos que nos hemos desarrollado en diferentes puntos de la tierra y en diferentes culturas tengamos mucho más en común de lo que pensamos y de lo que puede que a algunos les gustaría reconocer.


(Continuará)


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