ÉCHAMELA QUE TE LA ECHO

MORA EN MÍ UN RECUERDO

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Vive en mí tu recuerdo,
de mí se alimenta,
está en mí y me alienta
en los aciagos días en los que no camino.
De mañana y de domingo paseábamos
Silenciaban nuestros pasos las ganas de decirnos
Corazón rehecho, pena intacta
Posees el don de la ubicuidad, preciso
Necesario para mí como resorte
Tus palabras sientan cátedra como el agua en la roca
Me cuesta retenerlas incluso en mi recuerdo
Soy demasiado esquivo también para mi desorden
Creencias atrevidas, conformadas en sueños
Precisas como el dato, cifrado pero correcto
El compromiso de tu fe, sencillo adivinarlo
Has dejado mella como corteza mancillada
Me la otorgaste como envido y no desaproveché la afrenta
Ahora quisiera oírlas, en tu nombre digo
Como aquel repudio de septiembre parricida
Depuso la orden de cuestionarte la vida.
Estoy absorto en mis asuntos
Cansado de serpentear como reptil fugitivo
Debajo la tierra
De humillar la nuca y la cabeza
Cansado de ocultarme entre la maleza
Y de absorber la pena del mundo en el pecho muy hondo
Más hondo que donde nunca antes todavía
Cansado de demorarme en mi propia entrega
Y observarla ondear a media asta
Tristemente ondear apenas agitadas
Por una brisa hipocondriaca
Cansado de intubar mi anhelo
Del desesperado futuro
Y la prosperidad asistida
Cansado de esperar
Deseoso
Libre del lastre de la incertidumbre.