LAS COSAS QUE NO EXISTEN

LOS RUSOS QUE ESCRIBAN MAL (II)

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FIII


Orion Abramovich Fiodorov, nacido, criado y deportado, según se supo luego, desde la capital de Vorkutá, República de Komi, al lado del Círculo Polar Ártico donde se fabrican los cubitos de hielo, fabricó una pieza periodística cada día, con inigualable esmero. El intruso que vino del frío parecía haber manteado la página para que cayesen las letras a su antojo, de manera que aquel desorden de consonantes dotaba a los textos de una dificultad de comprensión alta, siempre bajo la ayuda del Google Translator.


El ruso pronto cosechó un gran éxito en el periódico, comprensible porque, como todo el mundo sabe, los autores de aquel lado del mapa son los que mejor escriben, pero sobre todo porque en el tiempo que pasó con nosotros nunca tuvo una mala crítica, ni le llamaron de los gabinetes para amonestarle por una publicación polémica, ni dio tarea de más a sus superiores. Si alguna vez se quejó un lector, se ignora, ya que se desconoce si quedaba alguno que no trabajase para los gabinetes.


Era el estilo tan peculiar que Orion Abramovich Fiodorov narraba lo que le daba en gana en sus crónicas del ayuntamiento, y las más de las veces detallaba el contexto, el atrezzo (mesas, sillas, lámparas, sus compañeros..), con un lirismo tal que el despacho del alcalde siempre parecía de estreno. Siempre al final, Orion daba cuenta de la novedad del día, que no era más que un copia y pega del primer párrafo de la nota de prensa facilitada. Guardo alguno de recuerdo (traducido con el translator):

No creo mi lo que vi. Nunca me ha fijado antes, pero aquel mostrador mi llama atención por cantidad de papel superpuesto. Creer yo que el señor tsar de la ciudad tener mucho cometido. Él parecer buen TIO, muy cosmopollita, aunque personas decir que es un mijita. Corregidor hablar hoy mucho ratov, con lo hambrientovich que mi staba. A dios spansivo, mi preparar olla grande de strogonoff y tartaristan de chocolate para mi maskar solito. Mi querer invitar a anastasia de última fila, rubia tremendovaki, más rica que la putinka, mi marca de vodka favoritav. La piva poner sputnik en órbita y mi más suave que la piel de un bisón en remojo. Mi recuerda a última pivita, Rosita Todoloborra, decir que mancha de mora con otra se quita. Aunque ella seguro pillar cachov con un dimitri que no vale un kopeck, un tocapelotov, un bystro, un cobarde de la estepa caucasiana. Mi no poder decir que a mi gusta pivo, que es cerveza, sino piva, porque yo gustar pivo y entonces perder aceite, aunque mi no tener coche sino bicicleta, y tampoco poder decir que llevo un pedal porque entonces mi no bebedor, sino que soplo mucho, aunque no poseer trompeta. Mi tener moshka detrás de la oreja porque tokiski decir mi tener pluma y la gente reír, pero todos plumas porque ir hoy parque con tuvarysh Espadas. Regidor amigo de mi, hoy dos horas al sol de infierno con un planisferio de un boshke y en medio un redondo grande que señalar con un palo. Creer que algo querer él con patos en un lago. El Alcalde de la Ciudad valoró ayer “muy positivamente” el nuevo bebedero del parque Cortijo Las Flores, que permitirá dar suministro a más de 50 palmípedos de la zona. El alcalde se zafó de los interrogantes de los periodistas que preguntaron si el abrevadero también daría cobijo a patos inmigrantes, cuestión que según anunció resolverá una comisión creada al efecto en el departamento de vigilancia y protección de la avifauna exótica de la concejalía de jardines, zonas de recreo y bisutería fina”.


Gracias a su éxito, a Orionsha un buen día se lo llevaron para siempre. Un periódico de la competencia, ansioso de mejores relaciones con el Poder, lo fichó pagando una cantidad de dinero inigualable, ya que tuvieron que hacer uso de la cláusula de rescisión. El polar que no saludaba así fuera el día después de Año Nuevo, se marchó, dejándonos a todos los restantes un aroma a periodismo moderno, siberiano, fresco, con una lección para los próximos tiempos: si queríamos sobrevivir en el oficio, teníamos que aprender, cuanto antes, a escribir en cirílico”.


Soy Fernando Iwasaki y estaré encantado de compartir otros momentos con Olepapa para hablar de Las cosas que no existen, como la gente que habla a los bebés como si fueran bebés y no merecen una hostia.


NOTA: Advertimos que las conversaciones aquí reflejadas no son más elucubraciones del abajo firmante, siempre en clave de humor. Cualquier parecido con la realidad se aleja de los cánones de la verdad.


By Olepapa