SALUD Y AMORQUÍA

CATALUÑA: DEFENSA DE UN REFERÉNDUM

|

ReferndumCatalua1octubreportada1


Diferenciemos. Una cosa es la estelada, la sardana, el catalán y la barretina y otra cosa el referéndum. Lo primero, ya lo he dicho otras veces, me la trae al pairo. Soy una persona exenta de cualquier emoción ante una bandera o un himno y huyo de todo lo que significa crear estados con sus jueces, sus leyes, su ejército y su policía. Ahora bien, me posiciono totalmente a favor de la posibilidad de realizar una consulta en Cataluña, donde sus gentes decidan libremente si quieren o no quieren seguir bajo el paraguas del Estado español. Existe un amplio sentir allí en pro de poder decidir sobre el asunto y creo que debería acogerse el hecho con normalidad democrática y sin tanto aspaviento, dramatismo o subidas de tono.


La política del gobierno de Mariano Rajoy no puede ser más errática y muestra a las claras que Cataluña no puede esperar mucho de alguien que dice admirar su territorio porque la gente de allí hace cosas (¡). Y es que por decenas de imprentas que se confisquen y muchas resoluciones judiciales que se tomen, ese amplio sentir en Cataluña seguirá existiendo y ante la ofensiva desde los tribunales no se hará sino incrementar el número de independentistas. Que gobierno y su institución subsidiaria –la judicatura- se lancen a una carrera desmedida prohibiendo actos de libertad de expresión, caso de una charla o un debate sobre ventajas y desventajas de un referéndum y sus consecuencias, resulta preocupante y si nos detenemos a mirar los currículums de algunos de los jueces, la preocupación se torna en angustia. 


No deja de ser triste que todos esos garantes de la Constitución que defienden la indisolubilidad de la patria con uñas y dientes, no peleen por un derecho esencial en toda democracia como es la libertad de expresión y sitúen a los que quieren votar –querer votar no tiene por qué significar sí a la independencia como torticeramente se está ignorando- a la altura de delincuentes de la peor calaña. Un amplio espectro de la gente que niega este derecho se dicen admiradores del mundo anglosajón y sus instituciones, pero no toman ejemplo del referéndum escocés del 2015 y siguen erre que erre jaleando la actuación alevosa de Rajoy y los suyos. Una actuación que debiera mirarse con lupa, pero sobre la que nuestro ilustre presidente del gobierno cubre un tupido velo haciéndose el interesante, como si tuviese un as en la manga que mostraría en el último momento. 


Mal haríamos sin embargo en confiar en su pericia, pues lo que busca Rajoy y su círculo con su secretismo es la impunidad en sus actuaciones por muy dudosas que estas sean. Para colmo, dichas actuaciones son y serán aplaudidas por un amplio sector de la población española, pues el señor presidente sabe que a más catalanofobia, menos disensión y más apoyo. Se olvida por desgracia que la impunidad casa muy mal con la democracia.


El argumento más utilizado por los políticos constitucionalistas y quienes los apoyan desde los medios y las redes sociales es la anticonstitucionalidad de un referéndum sobre la territorialidad del estado en una parte de éste y no en toda, puesto que la soberanía nacional reside en todos los españoles, no únicamente en los catalanes. Dicho argumento me resulta por lo menos curioso, pues estos garantistas de la Constitución del 78 que parecen mostrar tan ejemplar ejercicio de ciudadanía, no alzaron la voz el día que la soberanía nacional –si es que la tuvimos alguna vez, si es que no es una entelequia jurídica- la perdimos. Fue un verano de 2011, bajo el gobierno de Zapatero, cuando aprovechando el calor los principales partidos políticos apoyaron una reforma exprés de la Carta Magna en su artículo 135 que dejaba la soberanía en manos de banqueros y especuladores. Ahí sí que deberíamos haber hablado y no ser esa mayoría silenciosa que hace las delicias de todos los presidentes del gobierno.