LAS COSAS QUE NO EXISTEN

LOS RUSOS QUE ESCRIBEN MAL

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FIWasaki



Hola, soy Fernando Iwasaki, cuentista . Me pregunta Olepapa por Las cosas que no existen y yo respondo, ágil: un ruso que escriba mal. La literatura rusa ha dejado algunos nombres universales(Dostoievski, Tolstoi, Turguenev, Bulgakov,Chejov...),y por esa razón, una vez se me ocurrió aconsejar al director de ISevilla que, si quería mejorar el nivel de su publicación, fichase a alguien de esa procedencia. La propuesta cayó en el olvido, como era de esperar, pero un día apareció por la redacción un chico rubio y se sentó en un ordenador. Esto fue lo que recuerdo que pasó:


“Se llamaba Orion Abramovich Fiodorov, aunque le conocíamos como El Mudo. El apodo se lo ganó a pulso. En los meses que compartió con nosotros apenas salieron de su boca una decena de palabras, ninguna repetida. En su recuerdo quedará, eso sí, que nunca se le oyó habar de lo que no conocía...


Sin entrar en estas menudencias poco relevantes para lo que nos ocupa, la realidad fue que Orion Abramovich Fiodorov permaneció en esta redacción de provincias el tiempo que le fue posible, sin que nadie advirtiese que aquel muchacho de honrada apariencia y aseada pluma desconocía prácticamente el idioma. No fue necesario. Era un recomendado del director, y nadie protestó. El director tenía la última palabra, que no era otra que la de portada, y hete aquí que El Mudo se aprovechó, a mí entender, de una de las certezas de esta profesión, y por qué no decirlo, de la vida: si el chino grande ordena y manda, qué puñetas vienen a decir los chinitos...


Así que como plumillas del oficio se cuentan por miles mandarinos, y si uno falla sólo hay que darle una patada a una piedra, Orion Abramovich Fiodorov se hizo hueco y, de la noche a la mañana, se convirtió en un miembro más de la sección de Local, el blasón del Noticiero...


Contribuyó a su integración que, de un tiempo a esta parte, habían desaparecido de las redacciones los inconformistas, los escépticos, los contestatarios, las rapaces, las víctimas de la noche, los temerarios sin miedo, los tunantes, taberneros, deslenguados y pendencieros, las ratas de cloaca, rebeldes e insurrectos, arriesgados y pioneros, irreverentes y provocadores, los que despertaron conciencias, los románticos y los soñadores que siempre creyeron, los que no se bajaban del burro a menos que éste les tirase al suelo. Quedaban los políticamente correctos, los previsores, los fotógrafos sin alma, los tertulianos y los comisarios, los trajeados de corbata y el cuello arreglado, los ten-cuidado y los no-vayas-a-hacer-eso...


Entre las ocupaciones de Orion Abramovich Fiodorov se encontró la de seguir al señor Alcalde de esta Ciudad, cuna de la envidia en el mundo entero. Casi todos los convocados a la soldada teníamos un encargo similar: el perseverante y oneroso seguimiento de un político recto. A este quehacer se había limitado el oficio, ya que a las plantillas raquíticas se añadía la circunstancia de que había más ministeriables saludando en terrazas que floreros. De verdad que el desempeño del nuevo no era para descorchar botellas, ya que el Alcalde de la Ciudad no dejaba de ser uno más en el timeline de nuestros tiempos, con supremacía en número de políticos sobre perros callejeros...


Esta irrelevancia propició que Orionsha, al que se le seguía sin escuchar un chiste o un lamento, se incorporase sin hacer ruido a la comitiva de palmeros que cada mañana acudían al Ayuntamiento. Aunque, cuando comenzó a escribir, había que ser muy lento para dejar de lado que en sus textos había algo insólito, ajeno, tan chocante y sorprendente que agitaba la cabeza nada más leerlo: escribía en cirílico, su idioma materno”...


(Continuará...)


NOTA: Advertimos que las conversaciones aquí reflejadas no son más elucubraciones del abajo firmante, siempre en clave de humor. Cualquier parecido con la realidad se aleja de los cánones de la verdad.


By Olepapa