ÉCHAMELA QUE TE LA ECHO

PREÁMBULO: SEPTIEMBRE

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Sept

Quiso significarse. Venía locutándose en todos sus ademanes y alardes. La vanidad por grosera que apareciese era una herramienta muy accesible para reafirmarse. Y como todos los septiembres, el preámbulo de un propósito, literatura pretenciosa con tintes esotéricos baratos de nula profundidad.


Se rodeaba. Había anhelado aquel ejercicio caligráfico previo recogido en páginas y páginas de un estilo propio de un cúfico florido. Adornaba, no exento de gusto, la exposición previa al corpus legislativo de aquella norma. Había deseado haber impreso aquel dogma vacío sin necesidad de argumentarse a sí mismo. Pero, la segunda persona del singular del presente de indicativo del verbo que escojas sigue siendo TUYA, y esa, le venía más a mano que ninguna otra. 


Los pasos y conductas meros automatismos para conseguir una objetivo particular. No volvimos a lo mismo. No nos refundamos o reinventamos para volver al mismo punto de partida, frente por frente ese mismo sitio. El verano es un granero de sensaciones perdidas y halladas. Agregan energía para todo lo que vaya a discurrir en lo sucesivo. Para todo lo demás, el camino. La etapa del día, la meta diaria. La preparación previa había comenzado y fue mucho antes una idea abstracta, confusa, extraviada. Muy valiente y limerente a la par que limitante más no significaba exactamente ni más ni menos que lo uno trata de expresar cuando dice que está profunda y locamente enamorado… vacío de etimología, reportando únicamente a su sonoridad, me quedo en la explicación de septiembre de lo que advierto significará este nuevo Échamela que te la echo buscando la síntesis, la palabra que haga resonar a las demás.