TRABAJADOR SOCIAL Y CONCEJAL DEL AYUNTAMIENTO DE SALTERAS

HIJOS DEL "RÉGIMEN DEL 78"

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"A este país no lo va a reconocer ni la madre que lo parió”, (Alfonso Guerra, 1983)

Solo conocemos la democracia. Nacimos cuando ya había elecciones libres y en España se comenzaba a respirar de otra manera. Se empezaba a vivir en libertad y Franco había muerto. Pero, para esta generación, hablar de de la Transición en España con cierto entusiasmo o con un poco de admiración ya no está de moda. Ahora queda mucho más "cool" o actual cuestionar todo ese proceso, reescribir lo que nos enseñaron de esos años y tratar "fiscalizadoramente" a todos los actores que participaron en la misma. Ahora todos son "casta", son antiguos, son el pasado. Ahora son los "jóvenes profesores universitarios", nacidos en democracia, los que determinan la nueva manera de describir cómo se transformó el mundo que conocíamos.

Han convertido la Transición en el "Régimen del 78", en un concepto que hace alusión a una transición inacabada, en un régimen constitucional y en el postfranquismo. Se trata de recoger el malestar ciudadano (en gran parte generacional), para fines electorales e ideológicos. No solo hablan de que no fue un proceso modélico, sino que es en parte responsable de la situación actual de crisis económica y moral. La denigran y la convierten en el tránsito de la dictadura a la democracia incompleta, que favoreció a la casta política que hoy gobierna.

Es evidente que tenemos que reconocer que estos casi cuarenta años de democracia llegan a este momento con importantes signos de desgaste y de agotamiento. Es indudable la necesidad de reformar y adaptar la Constitución y las instituciones a un momento absolutamente distinto al que vivieron nuestros padres. Y,si me apuras, también debemos reconocer que es otra generación la que debe liderar esos cambios, posiblemente la que nació a partir del año setenta y ocho. Pero si esa generación quiere cambiar las cosas y aportar su granito de arena a esta sociedad, tiene que tener claras algunas cuestiones. "Para que una reforma de la Constitución tenga sentido es preciso algo previo, que todos queramos vivir juntos", Iñaki Gabilondo

No se trata de enterrar los logros del pasado, o de etiquetar a los que no entienden el mundo como nosotros como "casta", o lo que es peor: querer ganar méritos a costa de las críticas a lo anterior. Se trata de reconocer todo lo bueno que tuvo ese periodo de nuestra historia, ver con claridad que nos llevó a las mayores cotas de bienestar y saber que a partir de ahí podemos tener una mirada crítica que intente corregir errores y nos permita seguir avanzando. En medicina, el diagnóstico es lo importante para poder tratar la dolencia con un tratamiento acertado; divagar sobre cómo se ha llegado a él solo sirve para eso, para divagar, y suele ser poco útil una vez diagnosticada la enfermedad. Olvidémonos de la mirada del acomplejado que solo pretende destruir lo que hay, para que pueda parecer que antes de él no había nada.

Ese "régimen" trajo a este país, con los sacrificios y el esfuerzo de muchos, la universalizacion de la Educación (incluida la universitaria) y un sistema de becas que hizo que los hijos de los trabajadores pudieran acceder a estudios superiores y hoy se puedan permitir ser reputados profesores y profesionales. Trajo la Sanidad y los Servicios Sociales para todos, acabó con el analfabetismo, trajo democracia, apertura a Europa y tantas y tantas cosas de las que hoy no es "chic" presumir y de las que hay que renegar para ser aceptado en los círculos más puristas de las neoideologías.

 
Mi abuela tenía que ir a la fuente con cántaros para poder beber o asearse. Mi padre vio correr el el agua sucia por el centro de su calle, al aire libre. Yo, que nací en el "Régimen de 78"(nacido en el 79) vivo en un pueblo de poco más de cinco mil habitantes que hoy presume de tener dos colegios, un instituto, tren de cercanías, un centro de salud con diagnóstico por imagen, una piscina cubierta...  Yo, nieto e hijo de trabajadores, estudié en la Universidad Pública que construyó el "Régimen"y hoy me puedo permitir mirar el mundo con la sensación de que se pueden cambiar las cosas.

Los retos a los que las nuevas generaciones nos enfrentamos son inmensos. El problema territorial y el nuevo encaje de las autonomías, por ejemplo, va a requerir reformas constitucionales y, sobre todo, mucha solidaridad de todas las partes. Nadie, y Cataluña tampoco, puede pretender que el chantaje y las decisiones unilaterales sean la solución de ningún problema. Pero hay otros retos tremendos, y para mí más importantes, que también van a requerir una reformulación de nuestra convivencia: el terrorismo internacional, el desarrollo de Europa, la contaminación y el uso de las energías renovable, el salto tecnológico...
Por todo esto y por otros muchos retos que vendrán en las próximas décadas, renovemos nuestro marco de convivencia, cambiemos todo lo que no funciona y adaptemos las instituciones al siglo XXI, pero no reneguemos de todo lo bueno que hemos sido capaces de conseguir gracias a la convivencia y a la solidaridad. 


El pasado es un inmenso pedregal que a muchos les gustaría recorrer como si de una autopista se tratara, mientras otros, pacientemente, van de piedra en piedra, y las levantan, porque necesitan saber qué hay debajo de ellas. "A veces les salen alacranes o escolopendras, pero no es imposible que, al menos una vez, aparezca un elefante", José Saramago en El Viaje del Elefante.


Foto: RTVE