SALUD Y AMORQUÍA

PITADA EN BARCELONA

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Parece que la manifestación del pasado sábado en repulsa por los atentados de Barcelona ha levantado ampollas. Ahora, los dos grandes partidos y la muletilla naranja ponen el grito en el cielo e incluso se alienta una teoría de la conspiración por la que una horda de borregos ciudadanos fue manipulada por un puñado de políticos independentistas. Y es precisamente al independentismo catalán –y por extensión a todo tipo de secesionismo que cuestione la indivisibilidad de la patria- sobre el que se quiere cargar el muerto de la truncada unidad de los demócratas; es a éste al que se acusa de la sonora pitada al Rey y a Mariano Rajoy. Es evidente que desde las filas del nacionalismo catalán hay un rechazo a las instituciones del estado español encabezadas por la monarquía y el gobierno, pero si he de ser sincero, yo, que la estelada, la barretina y Els segadors me la traen al pairo, si me hubiera encontrado en esa manifestación también le habría pitado a Felipe VI, a Rajoy y a todo su equipo.


A lo mejor al ciudadano Felipe Capeto le sorprende tremenda pitada, pues seguro que se sintió compungido por los terribles atentados que ocurrieron en Barcelona; quizás a Rajoy –aunque esto lo dudo más- y a su equipo el abucheo también le pilló desprevenido. Sin embargo, todos ellos deberían de ir aprendiendo algo que los que somos padres le intentamos inculcar a nuestros retoños desde pequeños y es que todo acto tiene sus consecuencias y que un gran poder implica una gran responsabilidad. Jugar a la realpolitik y realizar suculentos negocios por narices se contrapone a la ética más elemental; realizar viajes de negocios a Arabia Saudí, principal fuente financiera e ideológica del fascismo islámico (wahabismo), conlleva ponerse una venda ante las violaciones constantes de los derechos humanos. Y sí, el famoso AVE Medina-La Meca que en su día se vendió como una jugada maestra del rey emérito, generará pingües beneficios, pero no conseguirá lavar la cara, por mucho petróleo que tenga, de un régimen feudal y teocrático que se mantiene desde Occidente como garante de sus intereses.


Para algunos que tenemos memoria quedará grabado en nuestra retina el día que el PP en pleno apoyó en el Parlamento la intervención militar en Irak. Ocurrió en el 2003 y a nadie se le escapaba la posibilidad de que algún diputado díscolo rompiera la disciplina de voto, pues dentro de las filas del partido dirigido entonces por Aznar había gente contra la guerra. Sin embargo, al final triunfó la cobardía y todos votaron en bloque apoyando la decisión de intervenir. Para colmo lo hicieron sacando pecho de partido unido. El resto, ya lo sabemos y aquella guerra cambió el tablero de Oriente Medio y en una región tan inestable, la invasión de Irak supuso acercar la mecha con fuego a la dinamita… El porqué surgió el DAESH es una mezcla de muchos factores, pero sin duda uno de ellos fue la conversión de Irak en un eterno campo de batalla. De aquellos polvos estos lodos.


Mefisto es una novela escrita en los años treinta por Thomas Mann. La novela relata las vicisitudes de Mefisto, un actor seducido por la maquinaria nazi. Cuando al final del libro el monstruo se vuelve contra él, Mefisto, que al fin y al cabo encumbrado por su ego se dejaba querer exclama “¡Pero si solo soy un actor!”. Pues eso, el otro día ante el enfado general Rajoy o alguno de sus acólitos diría: “¡Pero si solo soy del PP!” y el señor de sangre azul: “¡Pero si solo soy el rey!”.