LAS COSAS QUE NO EXISTEN

EL FUNCIONARIO DE VERANO

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Torre


Hola, soy Antonio de la Torre y hoy acepto la invitación de Olepapa para hablar de un ser excepcional sobre el que la inmensa mayoría de los ciudadanos niegan su existencia, porque, ¿hay funcionarios en verano? Aunque pueda parecer ciencia ficción, yo creo que sí existen; son esos raritos de su especie que, o bien ya han cogido vacaciones, o bien dejan las vacaciones para octubre o noviembre, que ya está bien de agobios, dirán. Es un ser tan único que me han propuesto protagonizar una película, de título El funcionario estival, ¿realidad o ficción? y, parameterme en el personaje, me he infiltrado como trabajador público en una oficina de Hacienda. He aquí una bitácora de la investigación.



Primera semana: Llego a la Oficina. Nadie sale a recibirme y me cuelo con facilidad. Me siento en una silla que veo libre y enciendo el ordenador, que exige una contraseña. Tras un par de intentos, la consigo: 'admin'. Tardo aproximadamente dos horas en contactar con otro funcionario, uno que viene a traer cartas, y saluda sin mirar. Doy un pequeño paseo para estirar las piernas y en un tablón de madera, leo: 'La administración ha muerto, viva la administración. Fecha del sepelio: 31 de julio. Que NADIE TOQUE UN PAPEL que la liamos'. La vigilancia es tan exigua que mantengo oculta mi identidad hasta media mañana, cuando reparo en que no he desayunado y salgo a la calle. Entonces cometo el primer error: regreso a la oficina antes de que haya transcurrido hora y media. Y sin bolsas. Un par de funcionarios me miran mal, y me escondo tras la pantalla del ordenador. Uno de ellos se acerca a la mesa y en voz baja, pregunta: “¿Eres nuevo, verdad? Mañana sin falta tienes que asistir al curso de desayunos”. Acepto y, para compensar, el viernes termino la jornada a las 13:30



Segunda semana: Llego el lunes con ilusión tras descansar el fin de semana pero, por suerte, al llegar a la Oficina me deprimo y me vuelvo a meter en el papel. Me paso ocho horas delante del ordenador sin levantarme, como buen actor de método. Tengo que reconocer que este papel es uno de los más duros de mi carrera, me río de los 30 kilos que cogí para Gordos. El resto de mis compañeros se tiran la mañana con los ojos clavados en la pantalla, sin levantar un papel, pero ellos al menos pueden planear vacaciones futuras, miran la cartelera o entran en amazon. Paradójicamente, soy yo el único que está trabajando.



Tercera semana: Llego el jueves. A un puente le he sumado tres días de asuntos propios. Era ineludible, de lo contrario, mis compañeros hubieran sospechado. Apenas me da tiempo a aprender nada esta semana, porque el viernes nos vamos de cervezas a las 12:30, para confraternizar.



Cuarta semana: He estado en casa ensayando el fin de semana para recuperar el tiempo perdido, por lo que el lunes llego entrenado. Pese a todo, de vez en cuando me entran ganas de dar una cabezada. No pasaría nada, pero... me fijo en los profesionales, impasibles como figuras etruscas, ¿cómo aguantan?, me pregunto. A mitad de semana, el arduo trabajo comienza a dar sus frutos. El compañero que me chivó lo de los cursos de desayunos me invita a acompañarle a El Corte Inglés. Para un funcionario, El Corte Inglés es como La Meca, y creo que el centro comercial recompensa esta devoción abriendo en agosto sólo para nosotros. Me asalta la duda de si acudimos aquí por el aire acondicionado, pero en realidad es la misma temperatura que en la Oficina. Creo que va a ser porque el funcionario estival se conoce toda la hostelería local y las tiendas raritas pero, como están cerradas y para quitarse el mono, el único reducto disponible es El Corte Inglés. Pero mi compañero me arranca la duda como un diente de leche, del tirón y sin sedante: “En la calle, en agosto en esta ciudad, hay hombres malos: bailan, y dan sugus a los niños”.



Última semana. Para mi última semana de trabajo me he propuesto ir más allá en el papel de funcionario estival. Es la última prueba, la meta del maratoniano, el final de Dorian Gray, el Don't stop Believin, de Journey, matar a The Boss... He venido al trabajo en pantalón corto. La reacción de los compañeros es satisfactoria. ¡Bravo, valiente!, me dicen. Hay otros que comienzan a incorporarse de las vacaciones y se preguntan qué hago yo allí, cómo he conseguido un puesto fijo y cómo amenazaré su supervivencia diaria; ahora son ellos los atemorizados. Porque me he convertido en un funcionario de verano, y mis compañeros me llevan a hombros por la oficina, sin importarles las zapatillas sin calcetines. Pena que en unas horas se revele la verdad y desaparezca de sus vidas para siempre. Al menos ellos podrán consolarse en la nómina.



Mi nombre es Antonio de la Torre y volveré a colaborar con Olepapa para otros reportajes de investigación sobre Las cosas que no existen, entre las que se encontrarán los que todavía frotan la barriga a las embarazadas, el pasado de los jóvenes o algún portugués que se llame bruno algo y no sea futbolista.




PD de Olepapa: Dedicado a todos aquellos funcionarios que no saben dónde desayunar en agosto y, en especial, a mi admirado César Romero Pelegrín (https://www.facebook.com/search/top/?q=cesar%20romero%20pelegrin), el funcionario rockero, que me guía cual Virgilio en las profundidades del empleo público.



NOTA: Advertimos que las conversaciones aquí reflejadas no son más elucubraciones del abajo firmante, siempre en clave de humor. Cualquier parecido con la realidad se aleja de los cánones de la verdad.


By Olepapa