NO ES ÓBICE

LA MALDITA CAPA DE OZONO

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Hoy hace un día precioso. El sol está radiante, escucho a los pájaros cantar, el aire huele a otoño (no sé a qué mierda huele el otoño pero queda cool escribirlo), no se observa ninguna nube en un cielo con un azul tan brillante y con un ambiente tan naif que hace que no crea que exista el cambio climático. Me encuentro un poco hastiado del tema, ¿qué planeta le dejaremos a nuestros hijos? ¿Cuántos grados ha subido la temperatura media del planeta? ¿Cuántos kilómetros cuadrados del ártico se han derretido este año? ¿Cuánto ha aumentado el agujero de la capa de ozono?. En serio, ¿alguien tiene la más remota idea de que es exactamente la capa de ozono? 


Nos pasamos la vida pensando en el futuro, en la hipoteca, en un trabajo que te permita tener tiempo libre, en el que será de nosotros, incluso en nuestros nietos cuando aún no te has planteado ni tener hijos y todo esto con apenas 30 años. ¿Merece la pena vivir así? Planeamos viajes con nuestras parejas, compras los billetes de avión, reservas hoteles, miras la guía de la ciudad, te ilusiona pasar tiempo con ella donde nadie os conozca, te imaginas estar sentado al borde de un canal de Venecia mientras os tomáis una botella de vino, poniendo un candado en el Puente de las Artes de París para sellar vuestro amor (lo siento, en este momento necesito hacer una parada para vomitar), o haciendo el amor en una playa paradisiaca Tailandesa y lo único que acabas es haciéndote una paja mental en la cabeza de la que solo eres capaz de escapar cuando te dicen: lo siento, pero me he dado cuenta de que ya no te echo de menos cuando estamos separados, deberíamos darnos un tiempo, podríamos seguir siendo amigos, no quiero perder el contacto… Al final todo son meras y putas excusas. Hay que ser un poco más claro, joder. No quiero estar contigo, ya no te quiero. ¿Es tan complicado decirlo así? No puedo con ese endulzamiento de la realidad, porque da igual como lo disfracen, da igual como lo cuenten, al final siempre hay uno de los dos que acaba mucho más jodido que el otro.


Con los amigos te pasa algo parecido, incluso desde la infancia, ¿Quién no ha tenido un amigo de verano? ¿Quién no ha jurado la amistad eterna con ellos? Incluso ahora, en esta época de redes sociales, donde lo más fácil sería mantener esa promesa, acabas autoengañándote. Una vez que se acaba ese tiempo, ese boom, vuelves a la cruda realidad de tu existencia diaria. Quizás durante un tiempo te wasees o wasapees (no me hallo con los verbos irregulares derivados del inglés), te cuentes cosas de la vida, pero a la larga uno de los dos dejará de escribir y como nos han criado en un mundo donde el egoísmo es lo que prima acabarás diciendo: si él no me escribe no voy a hacerlo yo. Y en ese punto ya puedes despedirte de esa persona para siempre.


Las redes sociales son una mentira, una realidad virtual donde todo el mundo sale guapo, todos nos divertimos como si fuéramos ajenos a cualquier tipo de problema, todos somos runners, todos viajamos , todos nos contamos nuestros próximo destinos y todos hemos subido una foto leyendo un libro de Dostoievski en la playa mientras enseñamos los pies. A veces me gustaría quedarme ahí, en serio, comprar palomitas y ver la vida pasar. Y no, NO ES ÓBICE, carajo.