ÉCHAMELA QUE TE LA ECHO

¿POR QUÉ NO QUIERES QUERERTE?

Por Antonio Lozano
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Gratitud


Tiraba de memoria y acudía presto a la vigésima cita entre entregas encarecidas e intenciones de vuelta. Casi todas las respuestas se enmarcan en una tonada y ésta, dulcísima y elegante, me traía a los alardes por arribita de Julián, la ternura de las octavillas de Rendón y al desvelo del niño que sueña la distopía de su Última flor. Eran callejones abiertos a un patio donde conversaba con mi madre y su ego tan rocosamente protegido. Nunca encontré tantos paralelismos en ese piropo triste con lo incondicional de los supuestos afectos materno filiales.

 
Lo que sea que estás esperando, se llama excusa. Disfrazada de dolor, de rencor o de daño soterrado. Comenzar es lo primero y lo es por una cuestión meramente logística. Para actuar, para hacer lo que tienes que hacer se necesita Voluntad. Tus creencias no te hacen mejor persona, tus acciones sí. No son tus creencias pero sí son todo tuyas las acciones. La gratitud, la empatía, tu ayuda, tan necesaria. Ninguna creencia debería limitar a tu YO. 


Cada quién da lo que tiene dentro de sí. Asume las intenciones de otros, se proyecta a sí mismo en el otro. Los problemas se afrontan y luego deben marcharse. Evitamos las dificultades o las seguimos ocupando a pesar de haberlas superado. Las preocupaciones no eliminan el dolor y todo se convierte en un lastre tan pesado. Las ataduras y limitaciones para criticar. Lo reaccionario de nuestro carácter en lugar de observar ahogarnos en la tormenta del vaso de agua. 


Tengo una propuesta a pesar de lo tortuoso del camino: vivamos plenamente el presente con mayores dosis de pragmatismo. Porque tiene todo el sentido. Porque no te robará tiempo. Vale la pena retomarse. Recomponerse del dolor es más difícil que soportarlo. 


Acepta la realidad. Tu enfado, tu malestar, supéralos. Recupera tu valía. Dale sentido a lo que haces. No olvides quien eres. No caigas en la indolencia.