LAS COSAS QUE NO EXISTEN

MISS Y MÍSTER INSTITUTO

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Sotorrr


Hola, soy José Manuel Soto, cantante y compositor español, y hoy vengo a hablarles de una costumbre importada de los americanos que, gracias a Dios, no ha sido exportada a nuestro país. Porque tenemos Halloween, la comida rápida, el Playboy y la Rolling Stone, las camisetas NBA que se pone Paquirrín hasta para dormir, las cheerleaders, y el acrónimo de LOL, pero por suerte la chavalada puede ir a clase sin que a final de año haya un concurso de Miss y Mister Instituto.



Uno, que se ha dedicado media vida a la canción ligera con aire de rumba, y conocedor de que a lo mejor pierde una oportunidad laboral, se alegra de que la muchachada autóctona pase de estos concursos con baile de graduación al cierre. Porque la belleza estudiantil, en mi país, no necesita de jurado popular. Como autor de Por ella, uno sabe que las mujeres españolas son las más guapas del mundo entero, y los chavales también, carajo. Y a los institutos españoles los chicos y chicas van a educarse y a leer a Machado, coño, no a ponerse en tanga.



Además, que no hace falta un concurso de éstos, porque luego pasan los años y qué. El otro día vi en la playa a la que podía haber sido miss de mi instituto, una chiquilla rubita, el gozo de vivir, el sol desde mi ventana. Se llamaba Eva, el pecado original. Dice un estudio que tardamos dos segundos en decidir si nos acostaríamos con la persona que acabamos de conocer. Es algo animal, natural, primario, como la fiesta nacional. Pues con Eva te sobraba segundo y medio. Y yo con esos 15 años que son sueños de amor y noches amargas, pasaban los cursos y no le dije ni hola.



Y ahora me la encuentro en la playa, y le digo a mi mujer. "Mira, ésa era la miss de mi instituto". Y mi mujer que mira de un lado a otro, y no entiende nada. Y yo le explico, y ella, que las mujeres para eso son muy sibillinas y saben que en cualquier momento se les vuelve en contra todo lo que tiene que ver con el aspecto físico, dice: "Se la ve que fue guapa, pero...". Y ese pero lo arrastra todo. Y medio desnuda frente a mí, recién salida del agua, en ese topless que es de lo poco bueno que hemos importado, pienso en mi yo adolescente y lo que hubiera dado por verla así. Pero, pero, pero. Pero qué fueron de esas tetillas que despuntaron al alba en sus 15 primaveras. Y qué fue de ese culo de melocotón que entraba en un minúsculo pantalón corto negro, ahora sandía inabarcable. Ay, Eva, qué fue.



Y mi mujer, que a la mínima coge la bandera ésa de la igualdad, me saca de mis pensamientos con un contundente paletazo en la espalda, y pregunta: "¿Y de ti, qué pensará ella de ti, asqueroso?"



Y se lo suelto, se lo suelto porque no puedo aguantarme más, y se lo suelto. Le digo, mira, ella no me ha saludado, es cierto, pero no porque no me reconozca. Ni siquiera porque no se acuerde de mí, ni de cuando íbamos juntos al instituto. De hecho, y esto tengo que decírtelo porque es así, cariño, ella seguramente fue una de las ideólogas de aquel pacto de no agresión entre las mujeres de aquella generación, que para estas cosas sois todas muy corporativistas, que por no pelearse por mí, decidieron que ni una ni ninguna, que a mí no me tocasen un pelo, y me dejaron sin comerme un rosco hasta que tú me engatusaste, querida.



Eso ahora lo sabes tú, lo sé yo y lo sabe Eva, esa miss que no fue y ya no será, del que pudo ser su mister.



Dejemos la nostalgia estudiantil para otro momento y anuncio que volveré para hablar de Las cosas que no existen, como los dog-tores, el que aguante a un cantante o esos trabajos a los que llegas tarde mientras escapas de los captadores de las ONG.


NOTA: Advertimos que las conversaciones aquí reflejadas no son más elucubraciones del abajo firmante, siempre en clave de humor. Cualquier parecido con la realidad se aleja de los cánones de la verdad.


By Olepapa