COMO YO LO VEO

JESÚS NAVAS LLEGA CON DUENDE

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Al Sevilla de Eduardo Berizzo hay que pedirle mucho más. Eso, o la imagen que dio ayer en el Faith Terim de Estambul queda muy lejos de lo que se espera del equipo que le han montado al entranador rosarino. Entendemos que el campo estaba impractible o que era el primer partido oficial de la temporada, pero la imagen y las sensaciones no fueran del todo buenas. Habrá que ajustar mucho hasta dar con la tecla. Una buena forma de dar con la tecla sería poner en el campo a los buenos, a los que se han fichado para marcar diferencias, para aumentar el nivel del grupo.


Cierto es que el equipo empieza a tener cierto aire a lo que pretende su técnico, como la personalidad y el equilibrio, pero también que no fue un gran partido, ni siquiera regular. Eso sí, los hispalenses se traen un resultado inmejorable que le acerca a la fase de grupos de la Champions, allí dónde están las niñas bonitas del fútbol europeo.


Allí, en la competición grande, no se puede jugar como en la tarde noche de ayer, en un partido dónde, seguramente, Sergio Rico, a pesar de su pifia garrafal en el gol local, fuese el mejor de su equipo. Eso sí, los mimbres con los que cuenta el Sevilla dan a pensar que el equipo irá a más. Agarrados al talento que se atisba en el plantel y de la mano de la magia de Banega, este equipo tiene que crecer sí o sí. Porque Correa sigue apuntando unas maneras de crack, porque gente como Muriel o Kjaer, que vinieron para marcar diferencias, aún no juegan, porque Nolito y Navas están lejos de su mejor momento. Porque, inevitablemente, jugadores como Montoya y Mercado han de ir desapareciendo de los planes del entrenador. Al menos del plan titular. Porque Lenglet y Pareja no pueden ser la pareja titular en la defensa de un equipo con un mínimo de aspiraciones. Porque todavía queda mucho y muchos mimbres hay.


Entre esos mimbres, deseo pararme en uno especial, quizás el más querido y aprecidado por la parroquia de Nervión. Cuatro años después de su marcha, Jesús Navas volvía a jugar un partido oficial con la camiseta del club que lo hizo grande. Y se empeñó en que este crecimiento mutuo siguiera adelante. Apenas habían pasado tres minutos desde su ingreso al terreno de juego, casi en el primer balón que tocó, puso de gol a Ben Yedder para dejar la eliminatoria prácticamente sentenciada. Parecía como si el tiempo se hubiese congelado. Como si en esa banda derecha todo siguiese igual. Primer partido y primera asistencia del palaciego, aún lejos de su mejor forma, pero qué mejor forma de presentarse. El Duende ha vuelto. Sevilla vuelve a tener Duende.