LAS COSAS QUE NO EXISTEN

LOS PERFECTITOS

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Paqu


Hola, mi nombre es Kiko Rivera, y esta semana soy el invitado de Olepapa para hablar de Las cosas que no existen. En esta ocasión nos vamos a interesar por un colectivo de personas, hombres y mujeres fácilmente identificables, porque son únicos, sin imperfecciones, siempre preparados para pensar y ejecutar lo correcto. Ellos son, los perfectitos.



Dicen que la historia siempre se repite, porque el ser humano tiende a equivocarse. Ahí está el tema ése de la piedra con la que se tropieza y demás. Nueva gente nace y se encuentra con un mundo heredado, donde las anteriores generaciones han resuelto sus desafíos, pero tarde o temprano volvemos a repetir los errores del pasado. Es así, somos humanos, yo el primero. Hasta los robots se equivocan alguna vez, como prueba la tercera de Terminator. Pero los perfectitos no; ellos nunca se equivocan, ni van a permitir que una nueva generación yerre.



Tú estás haciéndote unos filetes, y un perfectito llega por detrás y pregunta: ¿has puesto el extractor de humo? Tu estás recogiendo la mesa, quitando las mijitas del pan y llega el perfectito y pregunta: ¿hemos comido ya la fruta? Tú recoges la mesa, y te pones a fregar el suelo de la cocina y llega el perfectito y cuestiona: ¿esto está limpio? Tú vas a salir de casa y justo dice, esa camisa, ¿de verdad está planchada?



Pero la gran cualidad que distingue a este colectivo no es la de cuestionar cada uno de tus actos, sino otra más irritante: la de adelantarse a lo que inmediatamente tienes pensado hacer o decir, por lo que vas a darle la razón (de hecho, era lo que tenías pensado) y te quedas con cara de gilipollas, porque el perfectito se te ha adelantado y ya no vas a llevarle lo contraria (porque, coño, ¡era lo que ibas a hacer!). De esta manera, el perfectito siempre queda como el que hace lo correcto, y parece que ha sido idea suya, aunque tú te quedas con el sabor amargo de que, originalmente, era tu idea, pero sin saborear el éxito porque el perfectito está paladeándolo delante de tus narices con cara de: “¿Qué pasa? ¿Era lo que había que hacer, o no?”.



Coincidir con un perfectito pudiera ser una fuente inagotable de conflicto, si no fuera porque ellos nunca cometen errores. Un perfectito nunca abrirá la chapa de cerveza con los dientes, ni cortará el jamón en filetes gordos, siempre serán finos y con su proporción justita de grasa, ni dejará el coche aparcado al sol, ni esa infinidad de cosas que a los demás nos hace tan humanos.



Por eso creo que los perfectitos, como tal, no existen. Porque algún día se equivocarán, y os pillaremos, para deciros que no sois perfectos, y vuestra identidad se derrumbará porque siempre habías pensado que sois perfectos, sólo vosotros, y sufriréis, tanto como nos hacéis sufrir a los que, alguna vez, cometemos algún error. El caballero se culpa a sí mismo, pero el hombre ordinario culpa a los demás, decía Confucio. Pues eso.



Mientras tanto, encantado de colaborar con Olepapa en esta sección. Soy Kiko Rivera y volveré para hablar de Las cosas que no existen como las tostadas de aceite con mantequilla, un agosto sin colas en los aeropuertos, las películas francesas en las que alguien habla en los primeros diez minutos o las vecinas cachondas, porque esas cosas ¡no existen!


NOTA: Advertimos que las conversaciones aquí reflejadas no son más elucubraciones del arriba firmante, siempre en clave de humor. Cualquier parecido con la realidad se aleja de los cánones de la verdad.


By Olepapa