FAUSTINO REYES, MEDALLISTA BARCELONA´92

A GOLPES POR EL SUEÑO OLÍMPICO

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El boxeo nos dio una vez una gran alegría. Fue en Barcelona 92 y fue a través de una Comedalla que ganó un entonces jovencito sevillano que responde al nombre de Faustino Reyes. Era un niño, apenas tenía 17 años. Tan joven era, que cuando se subió al ring en la Ciudad Condal se convirtió en el boxeador más joven de todos los tiempos en disputar unos Juegos Olímpicos. Faustino Reyes, sevillano, aunque creció en Almería, no le tenía miedo a nada ni a nadie


No había alcanzado aún la mayoría de edad, sigue siendo el deportista masculino más joven en conseguir una presea para nuestro país cuando se encont(-57 kilos) contra el alemán Andreas Tews. Para el recuerdo quedará el peculiar olvido del boxeador marchenero, que acudió al combate de su vida sin zapatillas y sin protector bucal. Cosas de los genios. Como cuando, por saludar al entonces Príncipe Felipe antes del desfile de la gala de clausura, perdió a sus compañeros del equipo de boxeo y acabó junto a los gigantes del equipo de baloncesto.

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Hoy, precisamente, se cumplen 25 años de aquella gesta, justo el mismo día en que se ponía broche final a la gran cita deportiva. Su éxito en Barcelona´92 significó el logro más importante de su carrera, ya que si bien conquistó otros triunfos en el campo amateur, nunca llegó a igualar un resultado de tanta dimensión. De hecho, su palmarés no deja dudas sobre el éxito que tuvo en el cuadrilatero el marchenero, habiendo sido campeón de España en diversas ocasiones. De lo que siempre podrá presumir de haber conseguido uno de los grandes hitos del olimpismo español.


En este cuarto de siglo que ha pasado, su vida no ha sido fácil. Tras Barcelona, empezó la caída. No se adaptó a la vida en Madrid con el equipo olímpico que se preparaba para los siguientes Juegos, lo de Atlanta. Rompió con su entrenador de toda la vida, Fernando Serra, se quedó fuera del equipo, y por si fuera poco, la Federación que tenía que haber velado por sus intereses, vendió la invitación con la que hubiera podido competir y se dejó llevar por las drogas. 



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Superados estos problemas, Faustino volvió a Marchena, a su tierra, sin que se le haya dado el sitio que se le merece a todo un medallista olímpico. Desde entonces ha realizado labores de todo tipo. Incluso intentó seguir relacionado con el boxeo a través de una escuela, pero apenas le duró dos años. No se le cayeron los anillos para irse a trabajar al campo, donde estuvo un tiempo recogiendo naranjas y aceitunas, y ahora se gana la vida ayudando a un primo suyo a vender ropa en los mercadillos.


La de Faustino es una historia clásica del boxeo y del deporte. Un niño que alcanzó la gloria demasiado rápido y cayó más rápido todavía y que ahora, ya adulto, trata de recuperar su vida normal. Lo que nadie le quitará es su medalla, ni la felicitación del Rey ni todos los recuerdos que se le agolpan cada agostro como si volviera a vivir de nuevo aquellos Juegos. Ya queda menos para cumplir los 50 y disfrutar de lo que ganó. Nada menos que los 420.000 euros con los que La Caixa premiaba a los medallistas de aquella mágica cita. En el horizonte, además, la promesa del Comité Olímpico Español de llevarlo a sus charlas en colegios el próximo curso. Pocos como él para hablar de los valores de Pierre de Coubertain.



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