SENTIDO, EXHIBICIÓN, COMUNICACIÓN

ÉCHAMELA QUE TE LA ECHO
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El tiempo es el espacio que existe entre los recuerdos. El vacío que colma la perfección y lo sinónimo de bueno. De lo que fuiste y en lo que has trocado. De la Edad de Oro de nosotros mismos y la arcadia del presente, prisioneros. Custodios de sueños incompletos. De talante envalentonado con más miedo que vergüenza. El horror vacui, una cuestión que detenta el nivel a partir del cual nos plegamos ante los otros. Coloca ese listón bien visible para fijar la próxima tentativa porque la dignidad de tu lugar propio no obedece a ninguna figura retórica. Te tienes que ver. Es fundamental para entender que sin esa preclaridad, redefinir, refundar, renacer son tres formas huecas de verbos copulativos.


Y no resulta tan solo una cuestión de alcances, de retornos, de sensaciones olvidadas. Es un paso hacia delante más, en firme, decidido. Somos lo que sentimos, lo que exhibimos, lo que comunicamos. De lo que huimos. Escapamos de esa falsa idea de confort que nos imbuyó.

La mayor conquista que puedes atribuirte es que todo está por revelar. Que ese es tu extenso dominio. Que es tu responsabilidad. Que te viene dado por añadidura. Que sumarás y crearás en esta ocasión. Y lo más importante, que lo que te agita y conmueve no tiene en absoluto nada que ver con la conciencia, más bien con un movimiento pendular arcano, irracional, cercano a la supervivencia misma.


Entre tanto, voy a refugiarme de la espalda del diablo. De las tórridas veladas hispalenses que bruñen rostros con pátinas de aspecto cerúleo y salino. A la luz de tu costa. Sentirla, exhibirla, comunicarla. El nudo que nos maniata… échamela que te la echo(pero a la vuelta)…