NO ES ÓBICE

GASTRONSEJOS

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14269 machupichu


Sé que he ido al titular fácil, buscando la contracción humorística pero he crecido leyendo el Marca y sus antológicas portadas, “fueraparte” que hace más calor que en Sabinillas y tampoco es cuestión de exprimir mucho el cerebro. Hoy voy a intentar daros unos consejos sobre gastronomía, aprovechando que esta semana estrenan El comidista en la Sexta. Podéis hacer con los consejos lo que queráis, aplicarlos u omitirlos. Pero no digáis que no os avisé.


No voy a hablaros de restaurantes de estrellas Michelin, ni de sitios de alta alcurnia y abolengo, ni de retrogustos, potencia en boca ni matices de sabores, sino de aquellos bares a los que solemos acudir la gente normal. Y me he mojado, he ido a ellos, no soy como un tertuliano de Sálvame que se ha enterado por el entorno o gente muy cercana al protagonista. Yo por Isevilla matto y casi muero en el intento por escribir este artículo.


“Esto es una historia real. Por respeto a los bares se han cambiado los nombres de los protagonistas; por respeto a los ardores de estómago se ha contado todo tal y como ocurrió”.

La primera lección es muy básica, nunca comáis en un sitio donde hay fotos de los platos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Aquel entrecot de ternera gallega con emulsión de tubérculos tiernos se convierte en un filete de 1ªB con patatas Santa Ana de bolsa sin apenas darte cuenta. Lo de las patatas es algo que a mí personalmente me enerva, pueden ponerte unos huevos rotos con foie y trufa y debajo ponerte patas fritas Mckain. ¿Tanto les costaba pelarlas? En los detalles está el ser un restaurante o un gran restaurante. Si no son capaces de cortar las patatas ellos mismos no os creáis que van a poner mucho cuidado en lo que te sirven.


El pan, lo básico. Un pan bueno te hace disfrutar de la comida, puedes realizar tus propios barcos( en el caso de mi hermano mayor son transatlánticos) ,rebañar y así ahorrar en la limpieza de los platos. Un pan “venteao” hace que te acuerdes de los ancestros tristemente fallecidos del camarero durante todo el servicio.


Las servilletas o como yo las llamo, “las esparcemierda”, esa mezcla entre papel y lija que nos acompañan en todos los bares cuya capacidad limpiadora brilla por ausencia y cuyo destino final es estar justo detrás de la barra a modo de decoración acompañando a toda la suciedad del local.


Hablando de suciedad,” los lampard” (no confundir con el excelso jugador del Chelsea) en las camisas de los camareros. Todos sabemos que el blanco es un color sucio, pero no necesitamos saber que el camarero también lo es. Detalles que hacen que no te plantees volver.


La soltura del cocinero en la carta. Recuerdo estar en un sitio que era argentino, mexicano, español, japonés, chino e italiano. A ver, porra gorda, puedes tener mano para la cocina pero NO ES ÓBICE para que todo te salga bien. Y sobre todo, ese plato que siempre aparece en la carta y que cada vez que lo pides no lo tienes, no cuesta nada quitarlo, eso sí, los tachones están feos. Y para que veáis que no soy tan estricto y que tengo mano izquierda, acepto las traducciones del google translate como mal menor.


Pero hay algo que jamás voy a respetar ni a entender. Las pasas en el potajito y sobre todo el iluminado que le puso la piña a la pizza. Mis peores deseos para ellos.


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