ÉCHAMELA QUE TE LA ECHO

CARTOGRAFÍA DE UN SUEÑO

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Tocaba el sábado arrebato. De puesta de largo una solana como solo Sevilla puede ofrecerte, mejorada a ráfagas tiernas de poniente remolón de media tarde. El escritorio iba a llenarse de melodías de Bienvenido, de la voz de vestiduras rasgadas de Milián y el soporte crooners, del que toque de turno. El Pay-Pay otorga la llave de la trasgresión y el arte. ¡Ay, cuánto penita tenerte en estas noches a tiro de peaje!



El rey de la calle sopla sobre esa manta fina de recuerdos decantada partícula a partícula sobre la memoria. Y yo me visualizaba, nunca he pretendido ser un Santo, igual que aquella vez, pero hacía delante. Me comentaba, para esa y no otra ocasión, la más certera de las formas que adopta la verdad, vestidas de nosotros mismos en relatos de otros. ¿Sabes lo que echaba de menos detrás de ese despacho? Añoraba el horizonte. Divisarlo. Solicitar el abordaje voluntario por perseguir naufragas marinas, luna.


Luna, eres el foco. Donde me enroco para poder aprovechar las oportunidades. La necesidad como punto y aparte. El final del trayecto. Donde la culpa se asoma a beber con ojos de fuego.

El compromiso, es el vehículo que cabalga sobre la toponimia de los propósitos. La plegaria. La voluntad incuestionable. La nueva forma de ser del que ahora es. Lo inexorable.


Las nuevas rentas adquiridas, cuitas desechadas, habilidades adquiridas, hábitos encarecidos, invertida en tu propio set de pinturas, caja de madera, sin decapar, perfecta.

La diversión como propuesta desenfada, absolutamente acertada…


Y de no serlo, merecerla. Si no está, otra. Porque no existe un compendio más vasto que la cartografía de los sueños. En la que te visualices. La que te enfoca. La que te compromete. La que te permite trabajarte. La que te divierte.


…así, que tú no hagas caso,

a esas lenguas de censura

que tengo un corazón blando,

tras esa cara tan dura…