LAS COSAS QUE NO EXISTEN

EL HOMBRE ELEGANTE

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Quintero


Hola, mi nombre es Jesús Quintero, y hoy voy a hablarles de la elegancia en Las cosas que no existen. Y es que el estilo, el hombre elegante, a menudo se ha identificado con la gente que viste bien, a diferencia de los gualtrapas (o gualdrapas). Pero, ¿cómo distinguir a uno de otro?

Por ejemplo: todas las mañanas me cruzo con un tío con cangrejeras, mocasines y camisa blanca, y me pregunto: ¿ese tío va a la moda? ¿de qué año? ¿eso es tendencia? ¿si va él solo vestido así, es elegante o es un chalao? Ha habido épocas en que se veía que la gente había estado una buena temporada currando en Londres, porque se les había pegado la tendencia, pero como después hubo que emigrar a todos sitios, hay chavales que se visten a la moda de San Petersburgo, o de Trakai, formando unos saraos por la calle que no son normales.

Hace un tiempo, uno compraba revistas de moda francesas, con periodistas talentosos especializados en moda que marcaban tendencia, pero hoy se consulta a blogueros, autodidactas en su mayoría, guiados por su propia intuición y criterio. Y si te vistes como dicen los blogueros, ¿hay alguien que sepa qué es un denim o un meggings? Eso suena a genitivo sajón, no a francés.

En mi opinión, la elegancia masculina sigue siendo un misterio. Y lo digo, yo, que tengo un estilo que parece que se de lo que hablo. Hoy en los blogs las categorías son ni se te ocurra, o diferencian entre moderni y lo que es cutrelook, o cómo hacer apañeitors, que es lo que mi madre siempre ha dicho que es ir hecho un cromito. Y recomiendan combinar el naranja charoliqui con el morado, y hay que volverse loco para descifrar qué es eso y componer en un cerebro de cuatricomía cómo encaja el invento. O que el pantalón de cuero es un must de temporada, o que ¡¡vuelve la ropa arrugada!!, y eso sí que me parece abandonar todo lo que se sabe y a tomar por culo la ilustración.

Cuando me pongo trascendente, me digo que lo que he aprendido en todo este tiempo es que la elegancia masculina —como la femenina— no es una cuestión física, sino mental. Un hombre, o una mujer, elegante lee. Un hombre elegante lleva ropa vieja. Un hombre elegante no vocifera en twitter. Un hombre elegante no hace experimentos con su barba ni con sus patillas. Un hombre elegante sabe cambiar la rueda de un coche, y sabe hacer salmorejo con huevo duro y no le tiene miedo a los perros. A un hombre elegante le gustan los niños. Un hombre elegante tiene amigas. Un hombre elegante ha leído a Proust, entero. Un hombre elegante jamás come barritas energéticas. Un hombre elegante gasta más en libros que en ropa. Un hombre elegante sabe remangarse la camisa. Un hombre elegante no se hace selfies. Un hombre elegante no lleva (necesariamente) sombrero. Un hombre elegante no lleva joyas y tiene sentido del humor. Albert Camus, Leonardo Sciascia, Miguel Delibes, Ernest Hemingway y Vladimir Nabokov eran hombres elegantes.

Hombres del mundo, si no saben qué ponerse para resultar elegantes, imítenlos, y cojan un libro.

Soy Jesús Quintero, y esto es Las cosas que no existen, donde volveremos en próximos capítulos para revelar la existencia de la gente que se persigna en cada iglesia y no coge agujetas en los brazos, las ex novias argentinas que te dejan diciéndote 'no sos vos', los picnic maravillosos, o los que dicen que no tienen vida porque, de ser así, ¡no existen!



NOTA: Advertimos que las conversaciones aquí reflejadas no son más elucubraciones del arriba firmante, siempre en clave de humor. Cualquier parecido con la realidad se aleja de los cánones de la verdad. 


By Olepapa