SEVILLA AL DIVÁN

PENSAR: UN ARMA DE DOBLE FILO

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¿Pueden nuestros pensamientos arruinar nuestra vida?, ¿Provocarnos un daño constante qué acabe interfiriendo en nuestros proyectos?, ¿Servir de argumento para evitar ser feliz?. Así es. A veces nuestros pensamientos pueden convertirse en una trampa mortal, más aún, cuando empezamos a actuar bajo la presión de los mismos sin valorar su objetividad, dejándonos llevar por sensaciones físicas o emociones hasta actuar de manera irracional y compulsiva.


Son muchas las personas que vienen a nuestros centros refiriendo tener pensamientos intrusivos y negativos que no pueden dejar de pensar. Son ideas perturbadoras, con una profunda carga emocional y que en la mayoría de las ocasiones actúan como misiles autodirigidos de alta precisión atacando lo más débil de nuestro ser. Es decir, si hablamos de una persona sumamente protectora, el pensamiento perturbador podría ser: “Y si le hiciera daño a esa persona”.


Si hablamos de una persona disciplinada, altamente responsable, el pensamiento podría ser: “Y si me he equivocado y provoco un problema grave” O también podríamos hablar de personas que son muy escrupulosas o pulcras y acaban desarrollando ideas como: “Y si me he contagiado de cáncer”. Si hablamos de una persona aprehensiva: “Y si tengo una enfermedad grave”. Es decir, pensamientos, que vistos con frialdad y distancia, parecen exagerados e irracionales, pero que vividos en primera persona son perturbadores y limitantes.


Los miedos forman parte del ser humano, es más, tienen una función adaptativa y altamente funcional, nos preparan para afrontar y superar situaciones de nuestra vida diaria y aquellas que están por llegar, creando un almacén de recursos a tu disposición. La preocupación sana, es decir aquella que nos lleva a ocuparnos de manera racional, es necesaria. Necesitamos analizar, comprender y elaborar estrategias que nos permitan dar solución a determinados hechos de nuestra vida y cuando se produce así, todo va bien, el problema es cuando pasamos de preocupación a obsesión, de miedo a ANSIEDAD.


La ansiedad es una respuesta de nuestro sistema nervioso, ante situaciones externas e internas que interpretamos como peligrosas o negativas, pero que nada tienen que ver con la realidad de los hechos. Aunque las sensaciones que tenemos son iguales o parecidas a las del miedo. Me explico: Miedo: Voy andando por la calle y alguien me pone una navaja en la espalda para atracarme. Hay una situación real, que provoca que nuestro cerebro actué rápidamente preparando una respuesta de lucha o huida.

Ansiedad: Estoy en casa y antes de salir pienso: Y si al volver a casa de noche alguien me atraca. Hay una situaciones imaginada, que provoca que nuestro cerebro actué rápidamente, preparando una respuesta de lucha o huida.


Las dos provocan la misma respuesta física, aunque una es real y otra imaginada. Y este es el primer concepto, que hemos de tener en cuenta a la hora de abordar nuestras ideas intrusivas; que son imaginadas, interpretaciones no racionales sobre hechos que están por llegar y que no se están produciendo aquí y ahora. ¿Por qué hay que tenerlo en cuenta?, porque si actuamos dejándonos llevar por el pensamiento y su respuesta fisiológica, estaremos comportándonos de manera irracional, y por tanto nos trastornamos.


Pensemos: Si voy al cine a ver una película de terror como por ejemplo el Muñeco Diabólico, sentiré una serie de sensaciones desagradables, intensas, que me llevarán a vivir la película como algo real. ¿Pero existe Chucky?, ¿Es posible o probable que un muñeco cobre vida? No. Pues habrá gente que después de la película, saque todos los muñecos de casa, o que no quiera muñecos en su habitación. Es decir, empezará actuar de manera irracional ante la idea: “Y si el muñeco se mueve o me hace algo”. Empezará a crear una obsesión que podrá interferir en su vida, y sobre todo, estará trastornando la realidad, y aprendiendo a dejarse llevar por ideas irracionales e improbables.


Decíamos que el primer paso para el cambio era buscar la CALMA, el segundo es APRENDER A PENSAR y APRENDER A SENTIR. Aprender a pensar, significa pensar de manera consciente y dirigida, trabajando sobre varios aspectos, con el objetivo de buscar una alternativa de pensamiento más real, útil y adaptativa.


Objetividad y evidencia de las ideas: ¿Qué pruebas tengo de que mi pensamiento es cierto?, ¿Son pruebas reales y objetivas?, ¿Hay otra explicación posible para lo ocurrido?, ¿Tengo pruebas de que lo que pienso está ocurriendo aquí y ahora?


Intensidad: ¿Cómo me hace sentir pensar de esta manera?, ¿Qué malestar me provoca?, ¿Qué sensaciones físicas me provoca pensar de esta forma?, ¿Mi reacción emocional es proporcional a la situación vivida?

Utilidad: ¿Para qué me sirve pensar de esta forma?, ¿Me ayuda a conseguir mis objetivos?, ¿Me ayuda a sentirme bien?, ¿Habría otra explicación que me ayudara y fuese más útil ante esta situación?

Forma: ¿Qué errores estoy cometiendo en mi forma de pensar?, ¿Realmente todo me sale mal?, ¿Realmente estoy solo?, ¿Realmente nadie me quiere?, ¿Estoy siendo exagerado en mis conclusiones?.


Es decir, pensar significa dirigir nuestros pensamientos hacia una forma más objetiva, útil y adaptativa a través de preguntas que nos ayuden a argumentar nuestra nueva idea o pensamiento. Buscar alternativas, flexibilizar nuestras creencias y pensamientos para conseguir adaptarnos a las contrariedades de manera eficiente.


De nuevo, trabajar y dedicar un tiempo a adquirir la habilidad para pensar será fundamental en nuestro proceso de cambio y crecimiento. Una nueva forma de PRACTICAR LA VIDA de manera adaptativa y funcional centrada en nuestro presente inmediato.