TOCANDO LAS PELOTAS

VITOLAZO

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Celebracionvitolo

Un jugador de fútbol ha depositado su cláusula de rescisión, ha usado un resquicio legal, como es ir cedido cinco meses a un club, y finalmente llegará en enero de 2018 al equipo en el que quería estar y con el que ha coqueteado desde hace un año. Una vez más, y de esto les podría hablar mejor mi hermano Julián en su deliciosa sección 'Spoiler en serie', el Sevilla se disfraza de Juego de Tronos: jugador-personaje que gusta a la afición-audiencia, jugador-personaje que muere para la afición-audiencia.


El movimiento de Vitolo es tan intachable legalmente, como incendiario para la grada de Nervión. Incendiario porque viene precedido de uno de los mayores ridículos en público que uno recuerda. No merecía la extraordinaria andadura de Pepe Castro al frente del Sevilla este bochornoso escarnio en público, con su anuncio de renovación a bombo y platillo de hace 48 horas reducido a cenizas.


Tampoco lo merecía una grada que asiste un verano más no sólo a que su club se vea incapacitado para retener a su estrella de turno, sino que ya no hace falta que sean los dos grandes los que desmantelen el plantel de Nervión. Si encima quien lo hace es el segundo club que menos simpatía despierta por Eduardo Dato, como es el Atlético de Madrid, apaga y vámonos.


Mención aparte merece el propio futbolista. Y aquí sería bueno que nos dejáramos todos de pura demagogia e hipocresía. Sobre todo, si naces en Canarias, y no en la calle Feria o la plaza del Altozano. Vitolo es del Vitolo FC, no del Sevilla FC por más veces que se haya besado el escudo estos años. Eso sí, Vitolo no le ha hablado claro a la parroquia de Nervión. Y la misma valentía que tiene para desbordar por la banda, le ha faltado para mirar a los ojos al aficionado sevillista.


Vive con ello. Suerte Vitolo.