LAS COSAS QUE NO EXISTEN

LAS HIPÉRBOLES

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Unnamed 235


Hola, mi nombre es Sergio Ramos, de profesión futbolista, y hoy Olepapa me propone explicar en Las cosas que no existen un recurso que se utiliza a diario, pero que no existe como tal: la hipérbole, entendida como un aumento o disminución exagerada de lo que se dice o lo que se hace. Como experto en la materia, utilizaré un ejemplo literario para explicarlo. Síganme, y no se pierdan.


Se trata del conocido incidente entre dos titanes de la literatura, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Según la leyenda, el fin de las relaciones entre ambos se produjo a raíz de la galleta que Mario (Vargas Llosa) endosó a Gabo (García Márquez) a la entrada de un teatro en Ciudad de México en 1976 pero que, con toda probabilidad, nunca se produjo.

Gabo exageró; en realidad, sólo fue un empujón fuerte. El colombiano estaba obsesionado con el realismo mágico, y al peruano le vino muy bien esta reputación de machito, de gallito de pelea, que aprovechó a lo largo de su carrera. Lo cierto es que Gabo se pintó para la conocida foto un ojo morado para dar veracidad a su versión, y a Mario el duelo convertido en hipérbole le encajó en su estilo de ficción realista. Tengan en cuenta que estamos hablando de profesionales.


OJO 3


El incidente sin embargo no pasó de un eh-eh-qué pasa-a que voy a una distancia en la que cabe un trolebús, aunque luego el tema se jodió y acabó con una de las amistades más fraternales de la literatura y, para algunos, con el boom de la novela hispanoamericana.


Cuando acabe mi exitosa carrera, me gustaría publicar esta investigación en un libro [La galleta que no fue] en el que aclararé cada teoría sobre esta leyenda literaria nunca aclarada por sus protagonistas, y sus razones. Porque la peleílla no estuvo motivada como afirman algunos porque García Márquez aconsejase a la primera mujer de Vargas Llosa, Patricia, que se separase de su marido por la infidelidad del peruano con una joven azafata. O que Gabo aprovechase la confusión para enseñarle el macondo a Patricia. Descartada la causa que motiva el 90% de las peleas (es cierto que le miraba el culo, pero no fue por eso), la opción más verosímil es que ambos estuviesen borrachos, pero en mi libro espantaré todas las teorías al uso (celos profesionales, diferencias ideológicas, Fidel Castro...) para aportar la solución al enigma menos prosaica hasta la fecha: el origen de la pelea lo provocó una metáfora.


Según mi investigación, Vargas Llosa estaba muy enfadado porque García Márquez utiliza en la primera intervención de Melquíades en Cien años de soledad una reflexión que se le ocurrió a él en una cafetería cuando se cayó al suelo una cuchara. Dice: Las cosas tienen vida propia. Vargas Llosa estaba muy contento de haber creado una imagen, algo parecido a una parábola de mariposas amarillas y úrsulas flotantes, pero Gabo se la robó, y Mario estaba deseando encontrárselo.


Ésta será mi aportación a esta controversia histórica, y estoy seguro de que muchos me preguntarán cómo he llegado a esta conclusión irrefutable: Es fácil, pensando que yo habría hecho lo mismo.


Soy Sergio Ramos, y estaré encantado de participar en nuevas ediciones de Las Cosas que no existen, by Olepapa, en la que se cuestionarán otros asuntos inexistentes como las viejas que enmudecen al ver un niño, la gente de ciudad que escucha un transistor por la calle, el cuerpo del pecado o un nombre mejor que Lynyrd Skynyrd (pronunciese lĕh-nérd skin-nérd).



NOTA: Advertimos que las conversaciones aquí reflejadas no son más elucubraciones del arriba firmante, siempre en clave de humor. Cualquier parecido con la realidad se aleja de los cánones de la verdad.