COMO YO LO VEO

IBORRA VERSUS CEBALLOS

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El mes de julio es sinónimo de fichajes en el mundo del fútbol. De entradas y salidas. De rumores. De conversaciones en la barra de un bar, de críticas y comentarios en las redes sociales ante la llegada o marcha de un jugador. Un mes que, a riesgo de volver loco a más de uno o una, no da pie al aburrimiento en la Sevilla balompédica.


Uno de los que se marcha es Vicente Iborra, santo y seña del vestuario de los moradores de Nervión en los últimos cuatro años. Centrocampista de brega, oficio, garra y pundonor, durante su etapa en el Sevilla FC se ha ganado el cariño de todos por su derroche sobre el terreno de juega, a lo que suma una destacada personalidad para convertirse en uno de los líderes del vestuario. Más que valenciano, parecía nacido en la propio ciudad, o en alguna de lo alrededores, por su carácter y por el orgullo con que ha defendido la camiseta y el escudo de su club. 


No es el bueno de Vicente Iborra, por sus características, una superestrella de este deporte, pero el vacío que deja, tras tres Europa League, 170 partidos y 30 goles, es inmenso. Uno de esos jugadores de equipo, de los que se parte el pecho en beneficio del colectivo. Jugando de todo, desde central a delantero, rindiendo siempre. Con un papel secundario al inicio de cada pretempotada, ganándose el protagonismo por su labor en el campo. Caprichos del destino, se marcha al Leicester City, quizás el equipo que le infrigió la derrota más dolorosa de su carrera, al menos en el Sevilla FC, por una de esas ofertas fuera de mercado, de las que no podía rechazar. Ese tren, recuerden, ya pasó por delante suya el pasado año, pero la terna de capitanes, en un ejemplo de lo que significaba el gigante valenciano, impidió su marcha. Hasta estos días, que dice adiós dejando unos 15 millones en las arcas. Gracias, capitán.


Por esa misma cantidad parece que va a dejar el Real Betis la perla de la plantilla, un Dani Ceballos que se han consagrado tras un convulso inicio de temporada con una actuación impecable en el reciente Europeo sub´21. Uno mira las cualidades y la proyección que tiene el utrerano, y resulta imposible no tener la tentación de golpearse por lo pírrico de sus cláusula. La comparativa entre ambas operaciones, de realizarse, deja en muy mal lugar a los rectores béticos.


Dani es un futbolista con clase, de los que tienen duende. De esos que te dan el balón siempre en ventaja, todo un privilegio en este fútbol cada vez más físico. Se le atisba un futuro muy prometedor en este deporte, la cuestión es saber dónde. En difícil tesitura se encuentra el utrerano, que, sin manifestarse sobre su marcha o continuidad, ya es repudiado y denostado por una parte de la afición. De su afición. Mal asunto esto, y que debería resolverse pronto, porque podría enquistarse para mal de los béticos.


Se marche o no, Dani Ceballos se dirime entre una complicada decisión. Ser el abanderado de su equipo en un proyecto más que ilusionante, con la posibilidad de una venta futura que redundará, aún más, en las arcas béticas, o marcharse a uno de esos trasanlánticos del fútbol con los que todo jugador sueña. Eso sí, a riesgo de jugar menos de lo necesario para un jugador de su edad y proyección y en temporada de Mundial. Sí, visto su rendimiento, ¿por qué no? No me gustaría, queridos lectores, verme en esa papeleta.


Suceda lo que suceda, pagar la misma cantidad por futbolistas tan diferentes, aún con el excelso rendimiento ofrecido por ambos, es síntoma de que el fútbol se ha vuelto loco. O que un servidor lo entiende cada vez menos.


Pd: Del caso Vitolo ya hablaremos en otra ocasión...


En fin, la vida...