SEVILLA AL DIVÁN

BUSCANDO LA CALMA

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Respira


Decía mi abuelo que “en aguas turbias nunca se ve fondo”; tratándose del primer requisito para encontrar la forma de resolver un problema o conflicto emocional. Es cierto, no hay otro camino. Todo lo que no sea hecho desde la calma, puede llevarnos a error y complicar más las cosas.


Cuando hablamos de calma, hablamos de poder encontrarnos dentro de una emoción controlada que nos permita ver con objetividad y de manera útil. Es necesario, establecer contacto con uno mismo, sabernos capaces de asumir el control de nuestra emoción y nuestra conducta así como de nuestro discurso interno. Esta consciencia nos proporcionará la capacidad suficiente para buscar alternativas coherentes y sanas a nuestros conflictos.

¿Pero cómo lo hago? Son muchas las estrategias que nos llevan a la calma, pero ninguna de ella será efectiva sino se practica lo suficiente hasta dominarla. Como dije en el artículo de la semana pasada, antes de buscar la calma, tenemos que asumir nuestra responsabilidad. Sabernos capaces de responder a los acontecimientos vitales con suficiencia, sin temor, con la única intención de practicar nuestra vida.


Para ello, empezaremos realizando unos ejercicios, que son subestimados por su simplicidad y dejados en el olvido, pero que son sumamente efectivos cuando se trata de calmar nuestra ansiedad o llevarnos a un estado de consciencia óptimo para ser consciente de nosotros mismos y nuestras capacidades, se trata de RESPIRAR. La respiración diafragmática nos permite actuar sobre nuestro sistema nervioso, ayudándonos a calmar nuestro estado interior y facilitando nuestros procesos de pensamientos. Es un momento para encontrarnos con nosotros, para tomar consciencia de quienes somos y poder proyectarnos a lo que queremos ser. Algo que es necesario, pues vivimos inmersos en un delirio colectivo, es decir, nuestros aprendizajes y conductas se desarrollan desde modelos sociales que acaban imponiéndose y reforzándose en nuestros patrones de pensamiento y acciones, viéndonos a veces realizando cosas sin saber por qué, entrando en conductas de estrés totalmente irracionales.


Es por eso, que debemos tomar contacto con nosotros, con lo que verdaderamente queremos, haciendo un verdadero ejercicio de libertad, y ésta, se encuentra en nosotros no en conectar con lo de fuera, sino en sabernos diferentes y buscar nuestros propios principios y valores, nuestra propia manera de abordar las experiencias vitales. Respirar diafragmáticamente nos lleva a ese viaje interior, a conectar nuestro cuerpo con nuestra mente, a hacernos uno. Es el primer paso, para desarrollar las demás estrategias que nos conducirán a tener una mente más flexible y capaz de autorregularse.


Respirar profundo se confunde con respirar con el diafragma. Respirar profundamente no es inspirar gran cantidad de aire de manera intensa. Hacer una respiración profunda es tomar aire por la nariz de forma tranquila, tratando de hacer que ese aire llegue hasta nuestro abdomen, llenando la barriga y espirarlo muy lentamente. La calma irá sobreviniendo a medida que vayamos consiguiendo respirar de esta manera de forma fluida y natural.


Dominar la respiración será el primer paso para el cambio, por ello, será importante que trabajes 10 minutos cada día. Diez minutos donde comprenderás que se puede llegar a un estado de calma de forma voluntaria y dirigida. Donde es posible actuar sobre nuestro sistema nervioso de manera natural, y que con trabajo, uno puedo llegar a desarrollar estrategias sanas de afrontamiento de la ansiedad. Tomar un tiempo para cerrar los ojos (primera señal de calma a tu cerebro), aflojar los músculos (segunda señal), respirar con el diafragma (tercera señal) y conectar con la palabra calma en tu mente (cuarta señal), empezará a aproximarte a la autorregulación emocional de una manera fácil y sencilla. Comencemos a PRACTICAR LA VIDA de manera consciente y dirigida, dejando de ser presa del miedo y el estrés.