SPOILER EN SERIE

CUANDO VALE TODO

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Miren, háganse a la idea de una vez: para sobrevivir en esta vida, para que no te pise el de al lado,para que cuando crees que tienes la cabeza por encima del nivel del agua puedas seguir agarrado al salvavidas, es necesario ser malo. Es cruel, va en contra de todos los valores que les han enseñado durante toda su educación, pero es así. Hay que estar atento a las acciones del prójimo, porque poner la otra mejilla es muy bonito en la literatura, pero en la vida real escuece. Y mucho.



De un tiempo a es para mí un foco de trabajo. Observo desde mi atalaya objetiva la lucha de poder. Cada vez me interesa más ese baile de declaraciones, de acciones, de pactos en silencio y amagos de renuncia a la ideología que se presupone en un político actual. No entraré en el maravilloso aspecto del tráfico de influencias, porque eso nos llevaría una vida entera.


En política, gana el más fuerte. Observen que no he puesto que sobrevive, porque en las cámaras alta y baja, si no ganas te dedicas a otra cosa. Y es que el poder es la droga más potente que existe y deja muchas victimas en el camino: cuánto más tienes, más quieres. De ser presidente de la asociación de vecinos de tu bloque, el siguiente objetivo es ser concejal. Y alcalde, y diputado regional. Y porqué no senador. O diputado nacional. La cima es alta y no se ve.



Estos tres párrafos introducen la serie que les traigo en esta entrega. Como sucede muchas veces, el libro llegó antes, mucho antes. En 1989, Michael Dobbs se puso delante de la máquina de escribir para contar los entresijos de la política británica. Dobbs fue jefe de gabinete de Margaret Thatcher y tras una discusión con “la dama de hierro”, se lanzó a darle sentido a Castillos de naipes. El protagonista del libro es un Francis Urquhart al que toman por tonto o poca cosa y al que le no le cumplen una promesa. Pero amigos del spoiler, Urquhart tiene algo más poderoso que don dinero: tiene información de cada uno de sus compañeros de partido. Y eso, utilizado en según que momentos, vale oro.



Esta novela inspiró una serie en la BBC que se tituló, oh sorpresa, House of Cards. Y debe ser que Hollywood es aburrido y te da tiempo a revisar tiempos pasados, que un día Kevin Spacey se levantó con ganas de invertir su fortuna, llamó a Netflix e idearon una serie, pero esta vez, cruzando el charco, con la Casa Blanca como gran objetivo del matrimonio Underwood, Francis y Claire (es curioso que novela y serie tengan idénticas iniciales FU; ¿les recuerda alguna palabra malsonante?).



Francis Underwood te llega desde el principio. Tras cinco temporadas, el espectador sabe que es capaz de todo. Cuando digo todo, es todo. Llegar a lo más alto es el gran objetivo, el Despacho Oval, y hará todo lo que esté en su mano para sentarse en la silla con más poder del mundo. Al lado, o eso cree él, está su esposa, Claire Underwood, interpretada por una magnifica Robin Wright. Ambos, se hacen expertos en la manipulación para llegar al poder. Él, siendo despiadado. Ella, aprovechando la cara de tonto que se le pone al que le mira.



Si Urquhart es más letal y despiadado para llegar a lo más alto, a los Uderwood les cuesta más y tienen que dar más rodeos, todo sea por la rentabilidad del producto. Pero en esta serie, sobre todo en las primeras tres temporadas, House of Cards nos enseña como dejar todo más que atado, el favor por favor que luego no recordaré y que no te podrás cobrar porque tengo más información. Para ello, los periodistas tendrán su importancia con filtraciones interesadas porque las profesiones más parecidas y más despiadadas, sin duda, son la de político y periodista: nada es comparable a su ego.



Ahora, nada más terminar de visionar la quinta temporada de la serie, admito que House of Cards ha perdido esa chispa, ese motor que la hacía imprescindible, la sorpresa. Y es que más o menos ya te esperas el movimiento siguiente, porque notas la preparación, porque sientes que llega el momento que Claire Underwood tome el control, que diga “es mi turno” y dé un portazo en la cara a su “marido” Francis para quedarse con la presidencia de los Estados Unidos. Se sabía que era el paso, lo venía pidiendo la serie a gritos. Vaya por Dios, les he vuelto a spoilear. Pero no se quejen, ya les dije que para todo en la vida, lo más importante es tener más información que el de al lado. La información es poder, mucho más fuerte de lo que creen. Sonrían y sean felices.