SALUD Y AMORQUÍA

LA TRAGEDIA DE DOÑANA

|

19420724 1162442933859746 1523546634968992698 n 1

El parque nacional de Tablas de Daimiel en Ciudad Real, reserva de la biosfera y una de las mejores muestras de los humedales del interior peninsular, constituye todo un aviso a navegantes. Durante muchos años quedó totalmente esquilmado –en la actualidad parchearon la realidad con un trasvase-, debido a la acción de la agricultura de regadío, que a ritmo de aspersor fue desecando el parque. Existe un peligro evidente en establecer espacios protegidos en la naturaleza y es que se conviertan en parques temáticos, mientras a su alrededor toda legislación medioambiental se la pasan por el arco del triunfo. Ocurrió y ocurre en Tablas de Daimiel y ocurrió y ocurre en Doñana.


El incendio acontecido la semana pasada en las inmediaciones de Doñana es una tragedia, pero es también el resultado de tantos colmillos afilados invitados al festín que se desarrolla alrededor del parque nacional. Es el caso de la gigantesca urbanización de Matalscañanas, cuyo campo de golf se encuentra a tan solo un kilómetro del espacio protegido. Era Luis del Olmo quien manifestaba sin rubor su ideal de un país repleto de campos de golf. La verdad es que el sueño del insigne locutor, aficionado a un deporte de latitudes más húmedas, está por cumplirse en un país que anda escasito de agua. Y es que lo del campo de golf de Matalascañas… o hay que ser muy burro o estar muy untado para permitir semejante despropósito (o ser Luis del Olmo por supuesto).


A raíz del incendio enseguida comenzaron a circular noticias relacionando el fuego con la miserable Ley de Montes de 2015 que permite recalificar terrenos que han sido pasto de las llamas. Ignoro si, como señalan algunos artículos, en Doñana no se puede aplicar dicha ley, pero el caso es que con la legislación medioambiental en este país ocurren dos cosas, o me la salto –el ecologismo en este estado nuestro es un firme y único defensor de la ley frente a las instituciones en múltiples ocasiones-, o aplico el principio Groucho, cambio la legislación por otra. Que la legislación con Doñana se ha ninguneado está claro, desde el Estado hasta los ayuntamientos de la zona, pasando por supuesto por la Junta de Andalucía. Lo de esta institución a cuyo frente se encuentra esa experta en ganar elecciones llamada Susana Díaz, es de traca. Aparte de su más que dudoso papel permitiendo depósitos de Gas Natural en pleno parque y autorizar perforaciones dentro de éste, la Junta, en comandita con los consistorios de la zona, ha dejado hacer a los agricultores freseros y sus invernaderos.


Conservamos una cierta izquierda un venerable respeto por el campesino y el medio rural y sus gentes, pues los consideramos depositarios de saberes ancestrales relacionados con el respeto a la naturaleza. En honor a la verdad diré que hay unos pocos que entran dentro de este canon, pero no es lo que prima. Las personas del campo, igual que las de la ciudad, están hipnotizadas por la lógica productivista y del máximo beneficio. Solo piensan en el dinero y se la trae al pairo la naturaleza. El hecho de que alrededor de Doñana se hacinen invernaderos, pozos ilegales y balsas de riego, mientras las lagunas del parque se van secando y acotando así lo demuestra.


Era un hombre de la tierra, el cantaor de fandangos El Cabrero, quién decía que el campo no tiene llaves, pues eso la naturaleza no entiende de espacios protegidos y espacios sin proteger. Por más que se empecinen las instituciones y la dinámica economicista en que nos movemos, a la naturaleza no le vale enmarcarla como un cuadro de museo, pues ésta también se halla en las paredes y muros de éste (por seguir el símil) y se interrelaciona a través de multitud de vasos comunicantes. Todos somos hijos de ella, por más que freseros, especuladores y legisladores quieran negarlo o no quieran verlo. Tal vez caigan en la cuenta el día que descubran que el dinero no se come. Será entonces demasiado tarde.