SALUD Y AMORQUÍA

COMPARACIONES ODIOSAS

|

Kichi

Fermín Salvochea es una de las figuras más interesantes del movimiento obrero en general y del anarquismo en particular. Alcalde de Cádiz durante el cantón para luego abrazar las ideas libertarias, pasó media vida en la cárcel por su compromiso con la clase obrera. A pesar de que se han publicado un buen puñado de libros en torno a él y al contexto en el que vivió (a destacar Fermín Salvochea (1842-1907): Historia de un internacionalista), salvo la emotiva, pero malograda, biografía de Fernando de Puelles, no hay un estudio definitivo sobre el personaje. Saco a colación a Salvochea porque quizás debido a esto, al final se le ha mitificado en Cádiz y cuando se mitifica es muy fácil que el político de turno manipule para su convenio. Me contaba un amigo cómo cuando era niño el difunto Alfonso Perales (PSOE) fue a dar una charla a su colegio y no tuvo empacho en decir que todo por lo que luchó Salvochea ya se había logrado. No obstante, si alguien ha echado mano del insigne anarquista y no ha dudado en catalogarlo cómo referente suyo, es el actual alcalde de Cádiz José María González “Kichi”. Éste siempre ha asegurado que la figura de Salvochea le resulta inspiradora, pero en realidad entre ambos reza un abismo.


El bueno de Don Fermín era una persona de principios. Basta echar un vistazo a la mencionada biografía de Puelles donde aparecen transcritas algunas partes de los juicios a los que fue sometido. La entereza, el valor y por encima de todo la dignidad quedan bastante expuestos. Por su parte Kichi hace gala de su marxismo, no leninista, ni trotskista, ni revolucionario –como pudiera pensar algún ingenuo que lo votase-, sino un marxismo de Groucho, cuya máxima es “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”. Así lo ha dejado demostrado posicionándose a favor de la construcción en astilleros de corbetas para el ejército de Arabia Saudí, un estado que financia al integrismo islámico, bombardea hasta la extenuación a un país hundido en la miseria como Yemen y en el que todavía se crucifica a gente. Atrás quedaron sus marchas contra la base de Rota y sus golpes de pecho antimilitaristas. Un avezado podría decir que Kichi ha sufrido un baño de realidad, que es muy diferente ser gobernante que utópico activista de altavoz y pancarta. Bueno, en realidad no hace falta ser un avezado, el mismo Kichi lo vino a decir en la entrevista que le hizo al efecto Jordi Évole para su programa Salvados (junto al retrato de Salvochea por cierto). Al final con su actitud Kichi niega que sea posible el cambio y la transformación social y deja claro a lo que reduce la política, en el mejor de los casos a paliar muy levemente las peores consecuencias del capitalismo. Socialdemocracia y no muy roja que destiñe.


La izquierda siempre fue laica, más en una España dominada por los curas y el somatén. Laico (por personalizar) fue el republicanismo de Pi y Salmerón, el socialismo de Pablo Iglesias (el tipógrafo) y por supuesto el anarquismo de Salvochea. En Kichi el laicismo es una quimera, sencillamente no existe, por lo que aquí no solo se sitúa en las antípodas ideológicas del que dice ser su referente, sino que atenta contra una de las principales y más sanas virtudes de toda sociedad que se precie: el laicismo. Así lo ha dejado demostrado concediéndole una medalla a la Virgen del Rosario, moción que por otra parte no solo ha apoyado su grupo, sino que la ha presentado conjuntamente con PP, PSOE y Ciudadanos, votando en contra de semejante dislate únicamente sus socios de gobierno Ganemos Cádiz. Dirá Kichi, como en su día decía la ministra del paro Fátima Báñez , “Que de la virgen un capote siempre llega”, y será que es en ella donde deposita sus esperanzas para acabar con el desempleo en la capital gaditana. 


En la mejor tradición de alcaldes de su provincia –Chiclana, Prado del Rey- o ya fuera de ésta, del opusino y exministro de interior Fernández Díaz, Kichi y casi todo el consistorio han decidido quitarse la careta y abrazar definitivamente el nacionalcatolicismo. Son malos tiempos los que corren para la revolución y en una sociedad cada vez más conservadora y más amante de eso tan etéreo llamado tradición, muchos, en un acto descarado de populismo, deciden seguir la corriente, antes que bogar en contra. Se creerán que así los seguirán votando. Otros en cambio, los de siempre, se frotan las manos y se muestran encantados de la proliferación de este fetichismo por tallas de madera, bajo el que se esconden valores de lo más rancio. ¡Qué lejanía más infinita entre Kichi y su nacionalcatolicismo y aquello que decía Salvochea de “Mi patria es el mundo, mi religión hacer el bien y mi familia la humanidad"!


Foto: Ecorepublicano