COMO YO LO VEO

EL NORTE DESDE EL SUR

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Familialagos

Quizás cinco días no den para mucho, pero sí es mucho lo que uno aprecia cuando está ese tiempo en el norte. Diferente al sur, a mí sur, con el que me quedo sin dudarlo, pero necesario de conocer. Sorprende, maravilloso, precioso. Con estos tres adjetivos puedo calificar el viaje que realicé con parte de familia hace dos semanas. Desde Santiago de Compostela a Avilés, pasando por Ribadeo, Cudillero, Oviedo, Gijón, Lastres, Covadonga (y sus lagos Ercina y Enol), Cangas de Onís y Ribadesella. Creo que no me dejo ninguno atrás, todos recomendables.


La antigua ciudad de Santiago fue la primera parada en el trayecto, lástima de que la fachada de la Catedral esté en obras. Eso sí, a los turistas no pareció importarnos (demasiado) para pasearnos por la plaza del Obradoiro, e incluso pasear por los rincones del templo. Eso sí, aún sigo sin entender porqué no me dejaron lanzar el Botafumeiro. De entre todos, fue mi madre la que más disfrutó, muy devota ella. Esa fuente de sabiduría y conocimiento que es mi padre se despachó mejor con los vinos de la tierra, más apreciado el Albariño que el Riberio, que había que probar los dos. Los mejillones eran otro cantar, como el chuletón de ternera gallega del que di fe. No podía dejar pasar la oportunidad. 


Al día siguiente nos desplazámos hacia Asturias, pero hubo que hacer una parada obligatoria en uno de los lugares más bellos y fascinantes que recuerdo. Al menos en lo que a playas se refiere, ya que uno no es muy dado a ellos. Sí, me refiero a la playa de Las Catedrales, un lugar majestuoso. Sus espigones, los recovecos de sus cuevas, y su mirada limpia al Cantábrico me conquistaron. Y no te cuento más, sino que te emplazo a que la visites. No te defraudará.


Playaca


De alllí marchamos al concejo de Cudillero, municipio portuario de belleza adquirida y turístico por doquier. Allí comenzamos, no negaré que me llevé el primer puesto, una intensa relación con uno de los productos más afamados de la tierra: mi querido cachopo. Además, dimos buena cuenta de una fabada, otro de las comidas por excelencia de la zona. Y tras recorrer la localidad, pusimos rumbo a Oviedo, capital del Principado, que nos recibía con lluvia, lo que nos impidió salir a conocer la ciudad. Y, cómo no, llegó otra de nuestras compañías más apreciadas: la sidra.


Cudillero


Para el miércoles dejamos la llegada a Gijón, la otra gran ciudad asturiana. Más lluvia, lo que no nos impidió acercarnos hasta la playa de San Lorenzo, allí dónde varios deportistas parecían no tener miedo a las inclemencias meteorológicas se lanzaron al agua. El agua nos acompañó incluso en la visita a la Universidad Laboral, lugar en el que mi padre mi volvió a dejar absorto con la amplitud de sus conocimientos. Conocía, al detalle todo lo acontencido en aquél lugar, monumentos y estatuas incluidos. Trasncurrida la visita, y menos acostumbrados a la lluvia, decidimos salir de allí y partir hacia Lastres, mi lugar preferido entre todos, allí dónde las nubes son unos habitantes más de la localidad. Maravillosas vistas, precioso casco histórico empedrado en el que alguno se pegó un buen tropezón. No es de extrañar que la serie Doctor Mateo eligiera este enclave para rodar sus escenas. Para rematar la faena, fuimos recomendados a dar buena cuenta de la gastronomía de la zona en Casa Eutimio. No te voy a contar nada de este lugar por una sola razón: estoy dispuesto a pagar la cláusula de rescisión de la cocinera. O de raptarla. Ya veré cómo lo hago. Indescriptible lo bien que se come allí. Todo un acierto, Carlos.



Tras pasar por Lastres, si la memoria no me falla, o será por el sueño que me di en el coche, volvimos a Oviedo, lugar en el que teníamos nuestra base de operaciones. Los tres hermanos fuimos a conocer parte del centro urbano, aunque más bien las tiendas. Yo no, ¿eh? Solo estuvo de acompañante. Al día siguiente, temprano en planta, que nos esperaba otra intensa jornada con Los Lagos de Covadonga como principal reclamo, no el único.



Lastres


A mí, particularmente, este rincón de la geografía española me llamaba mucho la atención. Conocida por la mítica etapa de la Vuelta Ciclista a España, no intuía que la subida se iba a hacer tan dura. Demasiadas curvas, demasiado frío para la simple sudadera con la que me había dispuesto a conocer a Enol y a Ercina. Enol fue más amable. Situado al límite de lo permitido para los coches, ofrecía unas vistas magníficas, que invitaban a conocer a su hermano. Nada más lejos de la realidad: ese kilómetro en ascenso se me hizo eterno. Sí, lo reconozco, hasta tuve que parar un par de veces para tomar aire. Mereció la pena, no obstante, cuando me asomé al lago que estaba allí arriba. Espectacular.


La bajada fue más simple, más rápida. Creo que, incluso, recuperé el habla y un mejor color vino mi cara. Aunque lo único que quería era una botella de oxígeno, me "obligaron" a montarme en el coche para poner rumbo al Santuario de Covadonga, lugar en el que mi madre volvió a disfrutar muchísimo. Poco os puedo contar, necesitaba descansar y reponer fuerzas. Y allí que fuimos, ya en Covadonga, a comer en El Repelao, otra recomendación que yo mismo os recomiendo. Pero para ya, no lo dejéis pasar. De allí a Cangas de Onís, en busca de fabes, pues mis padres aprovecharon una parada técnica para desayunar, si se puede llamar lo que nos ofrecían por las mañanas, para proveerse de los demás ingredientes para hacer una buena fabada. Fabada que, por cierto, ya está tardando mi señora madre en cocinar. Porque si a todo lo bueno que lleve ese plato le unimos la mano de mi madre en la cocina, delicatassem habemus. La ruta acabó en Ribadesella, lugar al que fui un poco "engañado" por mis hermanos, que este verano pasarán parte de sus vacaciones en la zona para realizar el descenso del río que da nombre a este bello municipio asturiano.


Pusimos rumbo a Avilés, lugar desde el que partiríamos al día siguiente para nuestra, aún cuando un pedacito de la mía ya está en el norte. Aquí, no podía ser de otra forma, también dimos cuenta de la rica gastronomía y vinoteca en otro lugar recomendable, la cadena Tierra Astur. La intención no era esa, pero una cosa llevo y la otra y no nos pudimos resistir. Para cerrar el círculo, a mi padre se le iluminaron los ojos cuando, en el bar en el que hacíamos tiempo para partir al aeropuerto, le pusieron una copita de su querido Tío Pepe, fruto de la procedencia de una de las camareras. El sur desde el norte. El norte y el sur. El ying y el yang.


Cachopo