ÉCHAMELA QUE TE LA ECHO

TU HIJO SE ACABA DE QUEDAR DORMIDO. NO LO DESPIERTES...

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Gente normal en la que podíamos reconocer a familiares, amigos e incluso a nosotros mismos. Conflictos cotidianos y, a menudo, situaciones difíciles cuando no directamente dolorosas. Soy capaz de militar de todos esos discursos y ponerme en la piel de ellos para arrancarme otrora la mía.


Nunca sentiste especial afinidad a la tragedia ni al melodrama a pesar de ello venía al pelo aquella representación de teatro, los universos paralelos porque tratándose de un tema tan incómodo como la pérdida de un ser querido, estaba impregnada de humor y en su final, para nuestra desgracia, una puerta abierta a la esperanza que invitaba a los seres humanos a seguir adelante hasta en los momentos más desoladores, sin ti.


Una mezcla tan personal de comedia y drama. Una bella y emocionante historia sobre cómo los miembros de una familia se enfrentan a la pérdida y al dolor. En un intento por reconducir sus vidas inmersos en un laberinto de recuerdos, añoranzas y culpabilidades del que les resulta casi imposible salir. Lejos de rendirse, lucharán con todas sus fuerzas para encontrar un camino de vuelta a una vida que podría seguir siendo hermosa.


El drama familiar por la pérdida, la tristeza. La luz, esperanza en el duelo. El optimismo y la luminosidad, la alegría para proponer soluciones. El Teatro como terapia reparadora. Mensaje de esperanza. El humor y la inteligencia, estabas tan latente.


De la misma forma inesperada que toman las casualidades ha sido nuestro reencuentro. Tan ansiado, tan diferente. En los últimos quince meses he imaginado, lo he esperado y te he convidado a venir a saludarme incluso a espetarte alguna de las tuyas. Me he sobrecogido porque hasta para éste momento has seguido siendo discreto, justo, constante. Nada de fingido, ni exuberante. Mesurado, necesario. Un Lozano amable, mi padre.


En lo cotidiano del regreso a casa, en una tarde vasta de verano, nos hemos sentado en el salón de tu casa, hoy día tu santuario. Esa suerte de fortuna de haber, codo a codo, colaborado contigo. Mamá se ha acercado. Nos ha ofrecido café. A mí el sueño ya me había alcanzado. Solo he alcanzado a oírte:


Tu hijo se acaba de quedar dormido. No lo despiertes…


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