ÉCHAMELA QUE TE LA ECHO

AUTOCONFIANZA

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Me quedo con tu guiño amigo cada semana. Con tu lectura interesada y también cuando me espías de soslayo. Cuando te apresuras a intentar descifrarme en la intimidad, cual Aznar y su predilección por el catalán como lengua vernácula y también, cuando me sugieres que la columna es demasiado breve para una distancia tan larga. Me quedo con el reencuentro prometido y lo próximo del deseo de cumplirlo. Me quedo con contártelo, cada columna, cada palabra como la tuya que siempre fue digna de narrarla. Me quedo porque me sigues y porque estás. Porque tiene sentido el acuse de recibo para devolvértela. Me quedo con medirme con tu estilo y con la comunicación de otros. Me quedo confiado de echártela porque sé que me la devolverás.


Yo que estoy hecho de certezas del pasado. Alojado en los recodos imaginarios en los márgenes de lo personal. Ahora que he creído en todo lo que soy. A mí, que nunca he dejado de creer ni de dejar de sorprenderme. Que me desprendí del miedo al fracaso por aferrarme a la seguridad impostora. Aprendí a apostar por mí y a criticar menos a los demás. Dejé de dudar. Y ese escaso margen de tiempo que recuperé me ayudó a crecer, a expandir horizontes. A romper límites.

Inventé menos excusas y hacer más cosas. Perdí el miedo al fracaso y lo troqué por la iniciativa y la proacción. Y al creer en mí, perseveré. Y no hubo lugar al desaliento. No me detuve ante los obstáculos porque los adivine como pruebas para superarme. Y recobré fuerzas.



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Insto a los demás no sólo a creer en mí, sino a creer en ellos y a crecer con ellos. Me reconozco entusiasta contagioso, y sí. Esa actitud objetiva ante las críticas, mal que pese alguna referencia al empleo de las comas y las pausas de manera dramática, es la base emocional más sólida sobre la que pivota mi vida para salir fortalecido.


Y esa mejor versión de ti, esa responsabilidad te permitirá dejar de ponerte límites. Eso precisamente es lo que sientes cuando crees en ti. Vivir sin asombro de dudas. Creer que somos dignos de la realidad de nuestros sueños. Échamela que te la echo.