Cartas desde Australia

FUTBOL AUSTRALIANO (FOOTIE)

​Por Cristóbal Muñoz Pérez
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Cristobalmuozperez

Normalmente no necesito pensar mucho sobre qué escribirte, las palabras van rodeando las ideas que vengo a exponerte y poco a poco quedan envueltas en el suave sopor que proporciona el calor de las letras, convertidas en plumas de ganso. De carrerilla, como sin querer esforzarme, la idea, acorralada por detalles de nuestro viaje, se desarrolla entrelazando curiosidades australianas y pensamientos que intentan exponerte lo que me da vueltas en la cabeza, creando una danza a la que te invito cada semana: para los buenos bailes hacen falta dos. La reflexión que viene rondándome la cabeza hace un tiempo trata sobre la necesidad de elevar nuestros estándares, en todos los sentidos. Estoy un tanto expectante de ver como la idea se desarrolla en mi cerebro y se plasma en esto que te escribo, como apunte te diré que tiene que ver con buscar nuestra esencia y dejar de aparentar ser y seguir estereotipos de la sociedad en la que vivimos… será que me estoy cansando de ser quien no soy y de no llamar a las cosas por su nombre. O quizá este madurando, eso que da tanto miedo como un abismo rocoso.

El otro día, mientras dos de los equipos de fútbol más importantes de España y Europa se disputaban el pase a la final de la liga de campeones, el partido político del gobierno de España aprovechaba para, distraída la población gracias al circo del coliseo, intentar colar sin hacer ruido que nuestro presidente del gobierno declare ante el juez sobre la ilegítima financiación de dicho partido desde videoconferencia, o buscarse quehaceres en el extranjero para ni siquiera tener que cumplir con la justicia. Tranquilo, no te hablaré mucho de política, hasta aquí llega todo el análisis, simplemente me pareció un magnífico ejemplo de qué es tener unos estándares bajísimos como organización política, tratando con desdén al poder judicial, y en general a toda la población a la que el gobierno se debe, como viene siendo lo habitual y desgraciadamente, ya lo único esperado de este partido. Después de todo, la política es algo en que los españoles debemos subir mucho el listón, los estándares.

Esto también me sirve de introducción para llevarte al mundo del deporte rey en Australia: el “Footie”, fútbol australiano. Desde que estoy aquí nunca sé cuándo juega ningún equipo de fútbol –de nuestro fútbol-, a nadie le importa ni siquiera la “champions”. El fútbol australiano lo ocupa todo: partidos tres o cuatro días a la semana, el pub lleno de gente bebiendo sin parar, camisetas de los equipos paseándose aquí y allá y gritos de los aficionados que aumentan de volumen según bajan los tanques de cerveza. En Fremantle hay un equipo de tradición, los días de partido un río de gente vestida de morado desemboca en el estadio, en el centro del pueblo.

Al fútbol de reglas australianas juegan dieciocho jugadores por equipo, cinco en el banquillo que pueden sustituir a sus compañeros cansados cuantas veces quieran. El terreno de juego es un óvalo, como si viéramos el balón con el que se juega en un plano de dos dimensiones. A cada fondo del campo, unas porterías de cuatro largos palos (sin larguero) conceden seis puntos al equipo que pateé la pelota deforme entre los dos postes del medio, y un punto si pasa entre uno de esos dos del medio y el situado más hacia los extremos laterales. El “melón” solo puede pasarse pateándolo o golpeándolo con la mano, nunca pasarlo lanzándolo con las dos manos como en rugby, el otro gran deporte de Australia. El criquet es también bastante famoso.



Footie


Hay que estar muy en forma para jugar al “footie”, los australianos son grandes, fortachones, y los jugadores, parecen estar bien escogidos de entre los físicamente portentosos y esbeltos. Los saltos que estos bigardos emplean para luchar por la pelota, siendo válido apoyarse con las piernas sobre la espalda del contrario –no los pies- y los placajes que usan para frenar al contrario invitan a las personas de corpulencia enclenque a limitarse a observar desde la distancia.

Para que entiendas mejor el juego te diré que los fuera de banda los saca el árbitro de espaldas al campo, cual novia lanzando el ramo de flores en su boda de la forma más potente, y que no se puede correr con la pelota en las manos, como si se puede y debe en rugby, a menos que botes la pelota cada, al menos, diez metros. No he visto muchas jugadas en la que algún jugador pueda salir corriendo libremente botando la pelota, te recuerdo que hay treinta y seis bigardos sobre el campo. Otra diferencia más que notable con el rugby es que en este está prohibido pasar la pelota hacia delante, haciendo que los jugadores avancen como un escuadrón militar en forma de flecha: el que lleva el balón es la punta de la lanza, los demás esperan uno o unos pasos más atrás para que cuando el que porta el balón se vea acorralado pueda pasarla hacia atrás. Las jugadas de rugby bien podrían servir de metáfora para aspectos de la vida: avanzas unos pasos hacía el gol, y al dudar o verte frenado, debes pasar la bola hacía atrás, empujado a retroceder; eso sí, la colaboración y cooperación se hacen indispensables para el éxito, algo que puede que estemos olvidando las personas y sobre lo que quizá pudiéramos elevar estándares. En el “footie” si se puede, y se debe patear la pelota bien lejos, de tal forma que si es tu compañero quien la recibe antes de que caiga al suelo, tendrá la ventaja de poder patearla sin oposición del equipo contrario. Si ese jugador está cerca de la portería rival los seis puntos están muy cerca de caer a la saca. Los resultados llegan a sobrepasar los cien puntos en muchos partidos.

Como me conoces sé que sabes que disfruto mucho con el deporte. Me gusta moverme y la especialidad deportiva da igual. Recuerdo que pude probar el rugby y me encantó, que disfruto del tenis y del ping pong, que la capoeira me asombraba alma y cuerpo en Brasil, y que el fútbol, jugar a las palas en la playa, la escalda o cualquier forma de moverme conectando cuerpo y mente son siempre bienvenidas como planes. Quien sabe, igual me inviten a probar el “footie”.

Se me ha ido el santo al cielo hablándote del deporte y no te he contado mucho sobre la elevación de nuestros estándares, pero ¿sabes qué? El deporte tiene unas reglas, algunas escritas, otras no, al igual que la vida. Algo tiene en común con ese levantamiento de la moralidad humana, deberíamos ser capaces de mirar a nuestros adentros y ver que leyes no escritas podemos asumir y mejorar, para hacernos los mejores jugadores de este deporte que es el vivir, sobre todo aprender a ser compañeros de los que comparten nuestros colores, y en igual o más medida, de los del equipo contrario, porque el equipo da igual y al final todos jugamos al mismo juego: la vida.