Salud y amorquía

15M Y PODEMOS

Por Alfonso Oñate
|

AlfonsoOateConservo una clara imagen de la conmemoración del quinto aniversario del 15M en el programa de El objetivo de La Sexta. En uno de los puntos más emblemáticos del movimiento, Puerta del Sol, habían levantado un enorme plató de televisión en el que la periodista Ana Pastor entrevistaba a Iñigo Errejón. Constituía semejante despropósito ni más ni menos la certificación definitiva por parte de los medios de que Podemos era el heredero del 15 M –y los de Podemos encantados de semejante manipulación histórica, claro-.

Para toda la gente que participamos en aquel movimiento, la comparativa entre éste y Podemos no se resiste. El primero se fraguaba desde abajo y el segundo desde los despachos de la Complutense de Madrid; el 15M practicaba la democracia directa y Podemos una suerte de democracia virtual en la que los círculos se van pareciendo cada vez más al cero; el 15M tenía entre sus gritos de guerra principales “lo llaman democracia y no lo es” y “que no, que no nos representan”, mientras que la formación morada se sienta en el parlamento y pretende adjudicarse la representación de todos los que nos movilizamos a partir de Mayo de 2011.

La salida a la calle de un importante sector de la ciudadanía en multitud de puntos de la geografía española ocupando las plazas, es lo mejor que le ha pasado a este país desde que murió Franco. Mostró a las claras el divorcio existente entre la partitocracia y sus instituciones y el pueblo, aunque todo hay que decirlo, la mayoría silenciosa seguía ahí, refugiada en su casa –siempre lo estuvo, incluso en las grandes revoluciones que tambalearon al mundo-. Se comenzaba a gestar un movimiento asambleario, que tomaba los espacios públicos para discutir, crear ciudadanía y conciencia, palancas de cambio con las que poder derivar en proyectos y transformaciones del entorno bajo la máxima: “Actúa localmente, piensa globalmente”. Al establishment, la movilización le pilló de sorpresa, sin querer darse por enterado de la falta de legitimidad que denunciaba un amplio sector de la población harta del régimen del 78 y de la transición que la parió. Y así, como no se enteraban de nada lanzaban desde invitaciones a encauzar las protestas por el camino de las instituciones, hasta argumentos disparatados que presentaban todo aquello como una conjura de Rubalcaba (¡¡¡).


15m

Por supuesto el 15M albergaba contradicciones, lacras y titubeos, pero se estaba aprendiendo a ser ciudadano en el más extenso sentido de la palabra y a ser dueño de tus propias decisiones, a argumentar y a practicar el asamblearismo. Y aprender no es fácil y también puede resultar cansado en gente que nunca se ha movido. A pesar de todo, los años siguientes fueron de grandes manifestaciones y movilizaciones. El 15M languidecía, pero su espíritu lo recogieron las marchas a la capital, las mareas, prácticas y tejido asociativo autónomo o iniciativas como Rodea al congreso. Eran algo más que explosiones de ira, pero el gobierno de Rajoy a la mayoría de estos nuevos bríos los hizo desesperar con su inmovilismo, sus leyes represivas y en el caso de las iniciativas que recorrían todo el país para acabar confluyendo en Madrid, con la siniestra Cifuentes en calidad de subdelegada del gobierno. Aun así, la indignación seguía soplando y se hacían esfuerzos enormes por construir desde la base, sin líderes, ni salvapatrias… Hasta que llegó Podemos.


Podemoscongreso


Fueron muchos los que depositaron sus esperanzas en este partido que se decía diferente y novedoso, que delegaron en él –porque es más fácil- para resolver sus problemas. Podemos se presentaba bajo la imagen de estar construido a imagen y semejanza del 15M y con los círculos como garantes de la construcción desde abajo. Sin embargo Podemos solo usó estas banderas como recurso retórico y fue un actor determinante en la desmovilización y resignación en la que vive actualmente el ciudadano medio. Un ciudadano medio que ha acabado por aceptar que Rajoy y lo que representa es una máquina fangosa y corrupta, pero inagotable, con gran fortaleza y que a veces, para desespero, alcanza cotas de eternidad. Para Podemos toda su fraseología sobre el 15M es oratoria vacía. La élite podemita, que es la que manda, son comunistas de estrategia, que no de convicción ni de ideas. Son lo que son, una maquinaria electoral que tras haber tocado techo, ya, resuelto el espejismo, desencanta. Su futuro, probablemente será morir de éxito, o sea que tocar la Moncloa para asaltar los cielos ni de coña. Sin embargo, su papel hoy por hoy es fundamental, pues ayuda al régimen del 78 a mantener su mala salud de hierro.