LAS COSAS QUE NO EXISTEN

LA BUENA PRENSA

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Hola, soy Antonio Burgos, y les voy a hablar en exclusiva para Sevilla Información de Las cosas que no existen, como la BUENA PRENSA. Hubo un día en que sí. Hubo un día en el que uno apetalaba las hojas de un periódico una por una y le venía un aroma fresco, a perejil recién cortado, que le daban a uno ganas de ser cazón en adobo para enrollarse en sus páginas. Se desayunaba uno dos artículos de opinión y unas necrológicas e iba servío de lo que había pasado en la Ciudad. Paseaba uno con el periódico bajo el brazo, con sus suplementos, sus tres películas de regalo, su media cubertería de plata de ley y sus figuritas para los niños y parecía un bont vivant, un Boni de Castellane (pronúnciese Boní de Caslán).



Pero hoy coges un periódico gratuito por la calle y no llega para hacerte un sombrero. A mí me preguntan, Antonio, ¿tú lees periódicos? Y yo respondo: pa qué. Pa ver na más que gente en chándal, rastafaris, pizpiretas, mercacachufles que tienen secuestradas las televisiones, las radios, todos los días los mismos, ni un duque, ni un marqués, nada más que kichis, maduros, mablandos, pepitos y potitos. Como dice Vera Luque, “dicen que Pablo Iglesias al Errejón, le ha quitado el móvil pa que no pueda coger pokemon”. Pues para eso, bien ha hecho el del kiosco de la Alameda, que ha cerrado y ha abierto una churrería.



Porque, puestos a fabricar churros en serie, lo hacemos en serio. Antes el kiosco era la referencia del barrio, el punto de encuentro donde, además, te guardaban las llaves. El kiosquero era la persona amiga que evitaba la despersonalización del barrio, la célula primaria de las relaciones cívicas, la referencia que vinculaba a varias generaciones de vecinos que conocían al kiosquero por su nombre, el último eslabón que desde el amanecer ofrecía el producto de una noche de trabajo febril. Hoy ese papel lo tiene el churrero. Y mientras uno espera su ración, ¿la gente habla? No, ¡mira el teléfono móvil! Porque ahí están los nuevos voceadores callejeros.



Porque hoy todo el mundo tiene una opinión, y todo el mundo se cree con derecho a publicarla. Todo el mundo sabe escribir porque es una aptitud innata, compartida por todos, y lo contrario es un mono, como si todos por tener manos y pies pudiéramos ser traumatólogos o cirujanos. Antes para opinar había que tener dos carreras, y periodismo no contaba. Porque un artículo de opinión de ésos que sales desayunao de casa no se escribe en un cuarto hora por cualquier majareta (Reverte, yo ya estaba ahí). No vale opinar sobre lo que ha pasado, sino hay que crear la preverdad para que luego los hechos te den la razón, y todo el mundo cacareando por la calle lo que tú ya has vaticinado en casa acariciando al gato.


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Así que si me preguntan si leo periódicos, yo digo pa qué, pa qué, si na más que vale la pena el ABC. Leo el Periódico, así, en Mayúscula. Porque tú ves a un señor con el Periódico por la calle y dices: ése sabe, y va a cortarse el pelo. Porque en el Periódico uno mira con nostalgia el pasado, pero no se queda ahí, no ni ná, sino que adivina el futuro, porque los errores se repiten, si no que se lo digan al Ayunta-miento (observen la mala leche marca de la casa en el guión de la tercera sílaba).



Por eso, esos lectores del Periódico son unos visionarios, unos avanzados a su tiempo, y por suerte todavía algunos sobreviven, y es fácil reconocerlos porque, más allá de lo que llevan bajo el brazo, lo ven todo claro, son optimistas, jubilosos, dulzor de guayaba, en uno de esos días que te levantas de la cama un poco antonioburgos y te dan ganas de echarte a la calle a alegrarle la vida al prójimo.



Agradecemos a Antonio Burgos su entusiasmo en contarnos Las cosas que no existen y seguro que volverá en otra ocasión para hablarnos sobre la gente que lleva una funda de guitarra vacía colgada a la espalda sólo para vacilar, los que comen en un supermercado y no pagan en la caja o los tíos que se han enrollado con una tía que acaba de echar el pato porque esas cosas, ¡no existen!



Atención, querido lector: el artículo que acaba de leer contiene extractos originales del autor aludido que sin duda habrán sabido reconocer. No me culpen por ello, en el pecado llevo la penitencia.

By Olepapa