ERA YO PERO ESTABAS...

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Reinaba una especial situación de astenia poética aquella mañana de primavera con todos sus elementos y sus trastornos ambientales y emocionales a la par. No era yo. No era capaz de reconocerme. En el debe solo un reflejo impostor. Incapacitado para comunicar nada más ni nada menos que el relato de este día. Parecía tan oportuno escapar. Tan imposible irse sin más. ¿Agotado?


La misma sed, la misma pared, el mismo folio en blanco. Era yo y estaba en la senda. En ese camino para alcanzar la meta. Un paso a la vez, y otro más, y otro.


La vida es hacernos. No conoceremos el triunfo apresuradamente. No habrá éxito sino se da previa, interna e intencionadamente un proceso de desarrollo personal. A pesar de uno mismo. A pesar de lo difícil de convencer al impaciente. Aceptar, en tanto no bajemos los brazos que estamos creciendo, madurando. Creando. Templando.


Ndice 18


El triunfo ha de dotarse de tiempo y dedicación. Son precisos los cambios tanto de hábitos, de acción y éstos, rearmarlos de paciencia. Guardar la fe para no abandonarnos en nuestros sueños. Hacer valer la perseverancia, la paciencia, la aceptación.


Si sabes que lo que haces es lo que te apasiona, propóntelo. Otórgatelo. El momento está próximo. Por encima de las condiciones de las que gocemos la voluntad de querer hacer.


El día no ha realizado ni un solo guiño a la retórica. La dignidad de la primavera no es tan peregrina por muy ocupado que traigan los asuntos a mi corazón ajado. El reflejo es ahora un boceto de una nitidez meridiana. Es curioso lo laborioso de este proceso que concita tantas sensaciones. A ver que nace de esta catarsis personal. Era yo, pero estabas…