LAS COSAS QUE NO EXISTEN

LOS ANTITAXISTAS

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Los hubo, ya no. El colectivo de taxistas fue de los más criticados, pero corrigieron sus defectos y hoy se puede hablar de una popularidad que iguala a la de los bomberos, que bajan un gato del árbol o apagan un incendio cada 60 u 80 días y la sociedad los adora. Hoy es común un reconocimiento a estos hombres-máquina que trabajan fines de semana y festivos, un tesón con el que han logrado erradicar a los antitaxistas. Carlos Herrera, patrón con medallita en el salpicadero a la altura de San Cristóbal, entrevista para Sevilla-Información al líder de este colectivo rehabilitado, Uberto Pasocebri.



-Señor Pasocebri, ustedes soportan cada día el tráfico endiablado de una metrópoli, enganchados al motor como cómplice, testigos del desequilibrio psíquico de la soledad y la alteridad de los pasajeros. ¿Un taxista es un ser solitario encerrado en un universo particular?


-Así es, señor Herrera, soportamos las preocupaciones, las mentiras, las llamadas al móvil, las ganas de la gente de ser capataz de una cofradía; abrimos las puertas a los borrachos, a las británicas sin chanclas y a los que viven más allá de Puerta Osario; ayudamos a los padres a cerrar los carritos; informamos de la actualidad deportiva y de cuánto se paga de autónomo... y todo ello con cambio de 50.


- Ustedes vagan por la ciudad como apaches sin destino, atacados por una maldición prometeica. Son Ahab. Son Omar Little. Son Dylan siempre de gira.


- Hemos lanzado un lema: “Si nadie te da conversación y estás solo, búscanos”. Somos más baratos que un psicólogo o un camarero. Nuestro taxi es su casa. Si estás harto de aire acondicionado, te abro las ventanas. Que se ha puesto el semáforo en verde y no te das cuenta, te pito para que no llegues tarde. Estos gestos han pasado desapercibidos, y hubo un tiempo en el que sólo obteníamos de recompensa más y más carril bici, que no tenemos carretera por dónde meternos. Pero esto ha cambiado, no hay más que ver cómo nos ha recibido la gente esta feria, con aplausos si veían un pilotito verde.


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- La humanidad, siempre tan visceral. Un día a ustedes les llamaron violentos, macarras, terroristas, mafiosos, total, por unas peleíllas de recreo. Por fin la sociedad se ha dado cuenta de que una huelga de taxistas abocaría al caos urbano, al nihilismo absoluto, a la barrera epidérmica, porque el taxi evita que se aplaste la individualidad en este país.


- Yo sé, don Carlos, que hemos cometido errores. Eso de los atropellos por puntos fue un concursito inocente. Y, a veces, por buena voluntad para que otros compañeros no pasen frío, se nos ha podido ir la mano con las candelas. Somos embajadores de la ciudad y nos gusta enseñar la isla de la Cartuja a los turistas, que siempre queda de paso, pero lo último que queremos es molestar, ¡mire los cochecitos que tenemos, si ya no hacemos ni ruido!


- Unos angelitos, eso es lo que son. Perdonen que no sea objetivo, pero a mí es que me caen muy bien. Muchas gracias señor Pasocebri, y vamos a por esos prometidos tirabeques de setas y butifarras en la caseta de Oriza. Por cierto, ¿y eso de no poner el intermitente?


- Estamos en ello, no es fácil cambiar de tradiciones...


-Si es tradición, no cambien nunca, ¿capisce?



Carlos Herrera volverá en otra ocasión para descubrirnos Las cosas que no existen (Pos no es verdad) como la poesía que no rima, el que esté libre de tirarle la piedra a un político, el mojo (məʊdʒəʊ), los arbustos que están «agusto» o los hijos de la señora Puchi.


Olepapa