RINCÓN CIENTÍFICO

SOY DE CIENCIAS, POR TANTO, INCULTO

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Recientemente viendo el típico programa concurso de preguntas y respuestas, evidentemente en una taberna que es donde se ven bien todos los programas de la televisión, un concursante falló en la respuesta del número de provincias que tiene la Comunidad Autónoma de Andalucía. A la sazón, dicho concursante era ingeniero industrial. Las chanzas con las que mis contertulios empezaron a tildar de inculto a aquel pobre muchacho, me hacen reflexionar sobre la idea de incultura humanística que pondera en nuestra sociedad actual. Me explico; preguntas del tipo… ¿Cuál es la capital de…?, ¿Qué rey gobernó durante tal época?, ¿En qué año empezó la primera gran guerra? Ya no hablemos si en un desliz tuyo o del corrector, se te pasa poner una “h”, quitar una “y” u olvidarte de poner esa tilde donde debiera. Si cometes estos errores o desconoces esas respuestas, lo siento, eres un inculto. Ahora bien, no conocer el teorema de Pitágoras, la fórmula de una ecuación de segundo grado o repartir una cantidad proporcionalmente a otras, eso es no tiene importancia, eso no sale en los concursos de la televisión. Asociar el estudio de las humanidades a la cultura es, desgraciadamente, un tópico demasiado extendido. 


Los humanistas, en general, suelen exhibir con cierta petulancia su superioridad cultural frente al resto de la sociedad, mientras que los científicos, también en general, suelen ignorar y despreciar las disciplinas no relacionadas con el mundo de la ciencia. Estas dos maneras de pensar, que están mucho más extendida de lo que creemos, sólo demuestran ignorancia supina por parte del que las defiende. ¿Acaso es imposible estudiar el proceso de resolución de una ecuación en derivadas parciales, a la vez que se disfruta del poemario de Gloria Fuertes o de una novela de Eslava Galán? Ciencias y letras no son compartimentos estancos, son mundos fluidos en los que interaccionar entre ellos es lo más normal y enriquecedor. 


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Parte de la culpa de estas diferencias las tiene nuestro sistema educativo que ya, desde una edad temprana, obliga al estudiante adolescente a decidir entre una u otra rama del conocimiento. Por el contrario, se esfuerza en aumentar cierto tipo de horas en bachilleratos científicos con asignaturas típicas de humanidades. O en el mundo universitario se nombran carreras como “Ciencias Políticas”, “Ciencias Económicas” o “Ciencias de la Educación”. 


El saber total no es posible. En este mundo que nos ha tocado vivir, solemos estar preparados para saber mucho sobre una sola cosa, esa especialización es obvia y natural en esta sociedad, pero ello no es óbice para poder disfrutar de todo lo que la divulgación científica nos puede ofrecer o, por el contrario, el tremendo placer que da la lectura de una buena novela o un ensayo enriquecedor. Einstein era un consumado violinista, Carl Sagan ha dejado escritas novelas magníficas, Da Vinci…, bueno Da Vinci es otra historia. En fin, ciencias o letras, ingenierías o humanidades… sólo sé que no sé nada.


David Baca. Doctor en Matemáticas.