EL CALEIDOSCOPIO

JUSTOS POR PECADORES

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Elena

El sector del taxi está, una vez más, en el centro de la polémica. Desde hace meses es evidente el aumento de la tensión entre algunos de taxistas de la capital con los conductores de las empresas de vehículos de alquiler con conductor como Uber o Cabify, hasta el punto de que estos últimos han presentado decenas de denuncias por coacciones, acoso y actos vandálicos por parte de los primeros por lanzarles ácido, perdigones y excrementos, o por acorralarlos durante un servicio. Lo más grave hasta el momento ha sido la quema de nueve de sus 20 coches enviados desde Madrid para reforzar el servicio durante la Feria de Sevilla. Los primeros indicios apuntan a que fue intencionado, aunque la Guardia Civil continúa investigándolo y, hasta el momento, como en todo, debe primar la presunción de inocencia. La Sexta Noticias ha emitido la grabación de una conversación entre un presunto cliente y su supuesto taxista:

Cliente: Entonces aquí, ¿qué le vais a hacer a los de Cabify? ¿Qué le vais a hacer vosotros?
Taxista: ¿Nosotros? Meterle fuego a los coches a partir de la Feria.
Cl: ¿En serio?
Tx: Ehh, seguro.
Cl: Pero, ¿y usted también les va a meter fuego? Usted... ¿Usted personalmente?
Tx: No... eso es secreto.
Cl: Hombre, pero usted piense que...
Tx: No, yo no... Le vamos a hacer. Quién, cómo, y dónde nadie lo sabe.


La conversación, que se produce supuestamente horas antes de que ardieran los nueve coches de Cabify en un alojamiento rural de Castilblanco de los Arroyos, arroja aún más incertidumbre a un conflicto que tiene ya una dimensión desorbitada. Los pirómanos podrían llegar a ser acusados de homicidio imprudente porque cerraron la verja exterior para impedir la entrada de los bomberos. Había, además, viviendas cercanas.

Asociaciones de taxistas locales y nacionales se han desligado de estos hechos que coinciden en considerar como salvajes y una auténtica barbaridad. El fondo del asunto, no las formas, sí lo comparten: denuncian el intrusismo de los vehículos de transporte concertado, a los que acusan de trabajar de forma fraudulenta y de invadir su nicho de mercado. El problema se repite en otras grandes ciudades como Valencia o Barcelona, pero es en Sevilla donde ya se hace insostenible.


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Al margen del conflicto laboral, cuya solución debe pasar por una regulación normativa, la actitud de algunos taxistas de la ciudad es pura mafia. Especialmente el monopolio que ejercen el aeropuerto, enfrentados incluso con los empleados de la Empresa Municipal de Transportes, Tussam, incapaces de convivir con ellos. Se arrastra una lamentable situación desde hace casi 20 años, varias huelgas mediante -algunas de ellas sin previo aviso-, sin que nadie le haya metido mano, sin siquiera acordar un turno rotatorio que sirva para combatir los cobros abusivos por parte de algunos conductores.

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, ha heredado esta pesadísima losa, pero ahora tiene una

oportunidad para intentar atajarlo y debería recibir el apoyo sin fisuras de todas las bancadas del Ayuntamiento. Esta misma semana ha anunciado en Onda Cero Sevilla que va a convocar a todas las partes afectadas a una reunión para analizar cómo reconducir la situación. Los grupos de la oposición ya exigen que se tome en serio el problema de una vez, pero hasta el momento el gobierno local sólo ha anunciado el resfuerzo de la vigilancia policial en las estaciones de San Pablo y en Santa Justa.

Y ya es hora de afrontar cambios. De garantizar la seguridad y de velar por un servicio donde prime la profesionalidad. Es hora de tomar cartas en el asunto y de atajar esta peligrosa situación que está llevando ya a muchos ciudadanos a recelar de un sector que no tiene por qué pagar al completo con la inhumanidad de un grupo de salvajes que deben dar la cara por esta brutal agresión. No deben pagar justos por pecadores, pero no sólo se trata de cumplir las normas. Es, sobre todo, una cuestión ética.