CARTAS DESDE AUSTRALIA

MANERAS DE VIVIR

|

17202829 1957761091118778 7451173186968220639 n 7

Últimamente me he preguntado cómo lees mis cartas. Quiero decir, que piensas cuando las lees. Puede que haya quien piense que todo esto es fácil, que lo que te narro parece tan bonito que no haya dificultades, que sólo la sonrisa da forma a nuestra cara. Entonces te equivocarías. No vengo a contarte los pesares de nuestra aventura, ni a decirte lo difícil que es. Estaría mintiendo. En realidad, la mayor parte del tiempo sí que es la sonrisa la que viste nuestro rostro. Pero, ¿es que acaso no debería siempre ser así? A mí me gusta esta vida, desde hace muchos años ando rodando por diferentes países, culturas, personas… experiencias. Es mi forma de conocer el mundo. Lo exterior. Pero también mi forma de observar mi interior.


Como ya sabes, María y yo vivimos en nuestra furgoneta. Ahora moramos en Coral Bay y trabajamos en el pub del pueblo. Un pub a la manera inglesa, donde se sirve comida a modo de restaurante. Donde se emiten partidos de diferentes deportes en su sección “sport bar” para que sus aficionados traguen litros de cerveza, y donde cada día se intenta ofertar algún tipo de entretenimiento, desde la noche del karaoke, a la noche de los sabores asiáticos, pasando por el juego de la rifa en la que al comprar una bebida te damos un boleto. Aquí, si el rifador saca tu número, tienes la oportunidad de dar la vuelta a una de las cincuenta y dos cartas de la baraja que espera colgada en la pared; si elijes el joker te llevas el bote. La semana pasada, un trabajador del camping donde vivimos se llevó tres mil seiscientos dólares.


Sí, vivimos en un camping. Verás, Coral Bay es enano, te lo describiré como si viniéramos entrando a la aldea por la carretera: las señales de tráfico nos avisan de que bajemos la velocidad, estamos llegando al pueblito. El primer edificio a la derecha es un recinto que incluye el hostal ´backpackers´ y “Bill´s”, el pub donde trabajamos. Inmediatamente a continuación se encuentra el ´shopping center´, con apenas un supermercado carísimo debido a lo remoto del lugar y al monopolio que ejerce; una panadería pastelería siempre ocupadísima, unas cuantas tienditas de souvenirs y ropa, en una de ellas vive la oficinita de correos, y tres tiendas más donde reservar los tours por los alrededores medio desérticos, en quads o cochecitos todoterreno de esos cuya carrocería solo son las barras reforzantes, y la tienda oficial de submarinismo. Al otro lado de la calle el ´caravan park´ donde vivimos, lo llamaríamos camping en España. Continuando por la carretera, ya hecha calle, veríamos tras pasar el mini centro de comercios unas dunitas, y entonces la playa, todo a nuestra derecha. A nuestra izquierda quedaría otro restaurante pizzería justo cuando acaba el primer camping y comienza el segundo: otro ´caravan park´ con un pequeño supermercado y café. A la derecha ya solo habrá playa, con unos parches de césped y unos cuantos árboles. Pocos metros quedan ya para llegar al final de la carretera, solamente el ´resort´ a la izquierda, nada demasiado grande ni espectacular.


18143085 10211600812563376 46565654 n


Eso es todo lo que hay en Coral Bay. Pero no. No es eso solo, en realidad eso no es nada. Lo mejor de este trocito de tierra y mar está fuera de los edificios, y cada vez más independientemente de donde me encuentre, este pensamiento gana. Lo mejor está en nadar en el mar y ver a los peces como te conté la carta pasada, en tomar los carriles de los alrededores para ir a otro punto de la costa donde encontrarte solo frente al océano, en sentarme bajo un árbol a leer sintiendo la brisa, en celebrar que solo queda un día para los días libres de trabajo y planear que hacer. En comprar pizza y vino y cenar bajo las estrellas, en pasar un rato echado en la cama con las dos puertas de la parte trasera de la furgoneta abiertas, para que pase la brisa acariciándome la piel o en descansar los ojos tendido en la hamaca enganchada de uno de los árboles que nos da sombra, observando.


El otro día conversando con María, en una de esas conversaciones relajadas antes de dormir, espesando nuestros pulmones con aire un poco cargado de tetrahidrocannabinol, María hizo un apunte que nos hizo reflexionar, dijo: “¿te das cuenta, de que si nosotros tenemos tiempo libre, nunca nos da por incluir en nuestro planes el ir a tomar cerveza a un bar?”. Y es verdad, no sé cómo pasó, pero hemos eliminado esa posibilidad. Seguimos pensando y concluimos que ese es el plan más común para la mayoría de la gente aquí en Australia: se van al pub, y se emborrachan hablando sobre banalidades; pero seguí pensando, y no solo es aquí, también ocurría de manera escandalosa en Londres, y en Alemania, y por supuesto en España… no confundas esto con una crítica, es simplemente una observación, una confidencia ahora que solo tú puedes leer lo que pienso. Sin embargo, en otros países no ocurría, no ocurría en Indonesia, ni en la India, ni en Tailandia… quizá sea un privilegio guardado para los ciudadanos de países más ricos, al igual que el ir de compras a inmensas superficies abarrotadas de prendas de vestir y otro utensilios de deshecho. De todas formas, acabamos llegando a la conclusión de que nuestros planes giran en torno a otras cosas, muchas de ellas expuestas poco más arriba. Simplemente otras opciones, ni mejores ni peores, otros gustos.


Esta mañana nos hemos levantado a las siete y media y nos hemos ido a nadar para visitar a los peces, todo estaba en orden, seguían comiendo coral, dormitando acurrucados entre el arrecife, persiguiéndose los unos a los otros divertidamente… Entonces vine y me senté a terminar de escribirte esta carta, María trasplantó un aloe que parecía estar muriendo, y ahora prepara el desayuno. Me gustaría continuar leyendo un libro que me tiene enganchado, pero dentro de una hora he de trabajar. El viajar no debe ser contrario a disfrutar de la sencillez de las cosas pequeñas, en realidad, creo que acrecienta la visión del disfrute de lo cotidiano. Puede que fuera la razón por la que cuando nos propusieron movernos a una habitación, aunque pequeña, con aire acondicionado y baño propio, la desestimamos nada más verla. No tenía encanto, era impersonal, nos gusta más tener nuestro espacio al aire libre con dos plantas y una hamaca, poder hacer deporte en “nuestro jardín” y seguir viendo las estrellas por la noche mientras cenamos y fumamos, sintiendo el aire y escuchando los pájaros al despertar. Supongo que todas esas sensaciones son las que quieren ser recogidas en la expresión costarricense que cada vez está más extendida: pura vida.