CARTAS DESDE AUSTRALIA

PECES

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Es siempre difícil compartir algunos pensamientos, normalmente a casi todos nos resulta aún de mayor dificultad compartir sentimientos. La mayoría de las personas somos buenos poniéndonos caparazones, seguramente demasiado buenos en eso. Creo saber que quién escribe intenta compartir con el mundo su interior, exteriorizarlo y así hacerlo consciente a su vez: quizá un escritor no escriba para que la gente lo lea, sino para conocerse mejor. No sería el primero, un psicólogo que afirmara que externalizar, o sea, verbalizar y escuchar salir de tu propia boca o tinta eso que intenta escapar de ti en tu interior, es la única forma de conseguir hacerlo consciente, traerlo a la realidad, y poder trabajar para poder cambiarlo, mejorarlo. De hecho, según dicen algunos sabios, y así lo creo, una vez se trae al consciente, no hay que hacer más nada, el trabajo o cambio vendrá solo. Hay que ser valiente para enfrentarnos a nuestra verdad y conocernos.


Yo te escribo para que me leas, quiero ser leído, pero también para conocerme. Ver como salen de mi alma (llámala mente si quieres) las palabras, formando pensamientos provenientes de emociones, es sin duda, una gran clave de la literatura. Repensé esto llegando a la playa de Coral Bay, donde ahora vivo. Era un día precioso, soleado –como todos los días hasta ahora aquí-, y me disponía a nadar y bucear por entre corales deslumbrantes, de todas las formas y colores, compartiendo el espacio acuático con los peces. Sin duda, es lo mejor de Coral Bay, la bahía de coral.


La línea de coral se extiende más de trescientos kilómetros por la costa noroeste de Australia, y está considerado como uno de los últimos paraísos oceánicos de la tierra, siendo la barrera de Coral más grande de este continente: la gran barrera de Coral está justo al otro lado del país, en el noreste, puede que sea el arrecife más famoso, pero el más largo es el de este lado. Como quizás hayan oído en las noticias hace un par de semanas, un potente huracán asoló la costa noreste de Australia, destrozando con las olas provocadas por los vientos de más de cien kilómetros por hora, gran parte de la gran barrera de coral, una triste noticia más para nuestro planeta. De este lado, el “Ningaloo reef” se extiende desde cien kilómetros al norte de Carnarvon, hasta pasado Exmouth, paseándose por delante de playas de arena blanca como la que disfrutamos aquí en la bahía de coral.


Desde la arena, mirando al mar, se ven unos primeros cincuenta metros de agua turquesa, debido a la blancura de la arena, tras lo cual el agua comienza a volverse oscura: es el coral. Justo antes de que el agua se vuelva oscura, una cuesta de arena blanca bajo el agua hace que el coral quede a unos tres metros bajo la superficie del océano, dependiendo de la marea. Es ahí cuando comienzas a ver a los variopintos peces tropicales, desde diminutos ´nemos´ blanquinegros a peces loro de estampados inverosímiles, pasando por especies para mí sin nombre que superan el medio metro. Hay ´Doris´, ´yellow bones´ (espinas amarillas), mi favorito, el pequeño ´boxfish´ (pez caja) con su cuerpo cuadrado de intenso amarillo con lunares negros, solitario y asustadizo. 


Uno de los más grandes que andan por aquí tiene un tupé, no es broma, encima de su frente luce un flequillo de Elvis que nada envidia a los chicos de ¨Grease¨, mientras buceaba me lo imaginé peinándose por la mañana, poniéndose laca para salir a fardar con su coche y sus bailes por el reef, en busca de su Olivia Newton-John. La variedad y belleza de peces impresiona, hay muchas mantas, están las mantas rayas, negras por el lomo y blancas por debajo, las mantas grises de lunares azules, tomando el sol junto a la orilla relajadamente, y los peces trompeta, totalmente alargados como una tuba con su boquilla en extensión. Encuentras bancos de peces, de todas las especies, circulando a través de los corales, mordisqueándolos rápidamente, alimentándose por el camino. 


Me gusta pensar que curan a su vez los corales, que las pequeñas heridas que hacen en el arrecife hace que este ponga más esfuerzo para su renovación, algo de reciprocidad entre peces y arrecife debe de haber, la naturaleza es sabia. Un par de veces encontré inmensos bancos de minúsculos peces, parecidos a pequeños boquerones o ´pejerreyes´ en los que te puedes integrar si nadas cautelosamente, viendo como todos se mueven al compás, como una única célula, bailando en perfecta armonía y coordinación, cual batallón de soldados espartanos.


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Bucear es de las mejores experiencias que un humano puede tener en la vida, no me cabe duda. Da igual si es desde la superficie, haciendo ´snorkel´ como decimos hoy, y sumergiéndote de vez en cuando, o con botella de aire comprimido. Para mí, lo mejor del buceo es entrar en estado de calma, simplemente observar cómo se desarrolla la vida bajo el mar, ver como los peces hacen sus cosas, sin juzgarlos, concentrados en lo suyo, en silencio. Acabo de describir de manera rápida lo que es la meditación. No es algo que se pueda describir, solo experimentar, pero me di cuenta hace unos años, mientras buceaba dos veces cada día en Tailandia, que bucear y meditar tienen mucho en común: simplemente observas, no reaccionas, te regocijas por dentro al ver la tranquilidad con la que los peces realizan sus tareas cotidianas, de la misma forma que te regocijas al sentir en tu interior cuando te concentras en meditación y practicas la ecuanimidad, observar sin actuar, sin juzgar. El silencio al que te fuerza el estar bajo agua es un regalo bendito. Y si todos los humanos viéramos la belleza que se esconde en lo poco que del mar podemos ver a nadie le cabría duda de que seriamos mucho más respetuosos con nuestra madre tierra. Seguramente por eso me gusta el ´boxfish´ amarillo de lunares negros, busca la soledad, nada calmo y despacio, parece observarlo todo, regocijándose por dentro. Seguramente tengo mucho que aprender de mi pez favorito, creo profundamente que las personas necesitamos un poco de estar solos de vez en cuando para encontrarnos.


Esto no es todo lo que el océano ofrece en el arrecife Ningaloo, es solo el principio. A unas millas de la costa, desde Marzo a Agosto se produce la mayor concentración de tiburones ballena del planeta, y sobre Junio comienzan a migrar las ballenas jorobadas y las grises desde la Antártida, a esta zona del noroeste australiano, siendo la mayor concentración de jorobadas del hemisferio sur. Junto con mantas gigantes y muchas, pero muchas especies diferentes de tiburones, esta zona del planeta se convierte en la tierra prometida de los aficionados a ser peces por un rato. Espero narrarte pronto aventuras junto a los peces más grandes que habitan nuestro planeta.


Así, bucear y meditar se me asemejaron, y ambos me ayudaron a conocerme mejor y no avergonzarme de lo que siento y pienso. Después de todo, alguien que quiera escribir debería hacer este ejercicio de introspección, pues no conozco ningún texto en el que no haya al menos una pizca de sentimiento por parte de su autor. Mi amigo el pececillo cuadrado y amarillo de lunares negros y yo seguiremos nadando, y observando.