Palabra de Mujer

PARTOS S.A.

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Vanesa

¿Qué tiene que pasar para que nosotras estemos convencidas de que nuestro cuerpo es fruto de nuestra libertad?

Tiene que pasar que capitalismo y patriarcado sean el perfecto matrimonio bendecido por la Santa Madre Iglesia, por supuesto. La primera institución en mandar sobre el cuerpo de la mujer, anunciando que María se quedaría embarazada por Obra y Gracia del Espíritu Santo. Hoy en día, cualquier obra social de las “caixas” del sistema.


Este artículo está escrito por una “cooperativa” de mujeres con palabra. A las que he pedido que sean anónimas para que sea su palabra la que tenga nombre. Más de 20 mujeres, entre ellas, presidentas de federaciones de mujeres nacidas en los 80, miembros del Top 100 Mujeres Líderes de España, abogadas, profesoras, políticas, religiosas, feministas, trabajadoras sociales, psicólogas, periodistas, mujeres influyentes y mujeres no influyentes, por eso, aquí no tenemos nombre, tenemos palabra.


La gestación subrogada –comúnmente conocida como “vientre de alquiler”- consiste en un contrato por el que se acuerda que una mujer cede su cuerpo a cambio de una prestación económica renunciando así a la filiación materna a favor de otra persona. Detrás de la palabra subrogación no existe ningún derecho, sino al contrario, una vulneración absoluta de la dignidad de las mujeres. Nosotras, las autoras de este artículo, no estamos de acuerdo en todo, se lo confieso, pero sí les expongo un listado de lo que significa para todas nosotras la propia palabra que intentan camuflar con un acto de solidaridad y libertad:

“Todo es mercancía, fruto de una sociedad capitalista y patriarcal”. “No pueden negarnos que están utilizando el cuerpo de las mujeres más deprimidas y sin tener en cuenta que lo que se gesta no es algo material”, “¿qué pasa con lo que se vive durante el embarazo?, ¿Cómo somos capaces de ponerle precio a ese sentimiento?”. “Me parece un atentado contra la mujer. Usar nuestro cuerpo con fin mercantilista. Nos convierten en una mera máquina de incubar”. “Mercadear con un tema así perjudica sobre todo a mujeres en situaciones de mayor vulnerabilidad, en situaciones económicas complicadas”. “Me parece que convierte en un negocio la capacidad de dar vida que tenemos las mujeres”. “Considerar a la mujer como un mero recipiente, esa es la nueva explotación del s.XXI. 


Pero es verdad que, como siempre pasa en la lucha feminista, tenemos que responder con argumentos mucho más sólidos y contundentes que los que propone el patriarcado: “es la libertad de la mujer”, como ya pasa con la prostitución… Al final todo se reduce al mercantilismo, es una cuestión de pobreza. Mujeres pobres que lo necesitan al servicio de mujeres, parejas heterosexuales y homosexuales con dinero que desean comprar un bebé”. “Como mujer, mi conciencia de clase, de género y la sororidad que practico me impiden concebir que una de mis iguales deba convertir su cuerpo (su salud, sus emociones, sus dolores) en territorio de explotación mercantil, para sobrevivir y satisfacer los deseos de perpetuarse de otras u otros. Como profesional del derecho, hago mía la reflexión del Tribunal Supremo (STS 6/2/2014) cuando defiende como bien jurídico proteger no solo el interés superior del menor concebido por este ilegal método, sino también el respeto a la dignidad e integridad moral de la mujer gestante, así como evitar la explotación del estado de necesidad en que puedan encontrarse las mujeres jóvenes en situación de pobreza e impedir la mercantilización de la gestación y de la filiación. Soy consciente de que la “posverdad” acecha y es muy probable que este método de adquisición de hijos encuentre pronto espacio legal en nuestro país. De momento, el Consejo de Europa se lo está poniendo difícil a los mercaderes de vientres e hijos”.



VientredeAlquiler 0



¿Qué tiene que pasar para que nosotras llamemos solidaridad a prestar nuestro cuerpo para fabricar un ser a la carta?


Todas estamos convencidas de que estamos ante una batalla más. No hace mucho tiempo, nuestras abuelas fueron denominadas “amas de crías” y tenían que cumplir requisitos para poder acceder a esa convocatoria abierta. Sí, mujeres que alimentaban con su leche a los hijos de la nobleza y alta burguesía a cambio de dinero. Era principios del s.XX. El origen, según cuenta Gonzalo de las Heras en El Correo, “hay que buscarlo en el s.XVII cuando estas nodrizas eran comunes entre los borbones. El Gran Duque de Alba terminó sus días siendo amamantado por una de estas mujeres, porque no sólo las usaban para alimentar a los recién nacidos, sino que cuando ya la vejez no los dejaba alimentarse de otra manera, usaban este “privilegio patriarcal”.


Y perdonen que les introduzca este tema, pero es importante conocer el contexto histórico para tener claro a qué nos enfrentamos, pues los “vientres de alquiler” son sin duda la mayor explotación que sobre todo el cuerpo de la mujer había planteado el sistema patriarcal hasta nuestros días.


Hablemos de responsabilidad. Parafraseando a Saramago: "Las miserias del mundo están ahí, y solo hay dos modos de reaccionar ante ellas: o entender que uno no tiene la culpa y por tanto encogerse de hombros y decir que no está en sus manos remediarlo -y esto es cierto-, o bien asumir que, aun cuando no está en nuestras manos resolverlo, hay que comportarnos como si así lo fuera".



Y no pretendan confundirnos con altruismo, solidaridad y libertad de la mujer. No. No lo pretendan porque tener hijos no es un derecho. No lo es. No hay altruismo en ningún contrato de alquiler. No hay solidaridad entre nosotras, no se engañen. Solidaridad es compartir igualdad de condiciones, de derechos, de deberes. De tener una vida digna que te permita actuar con libertad sobre tu cuerpo. De no tener que “vender” lo que “fabricamos” en nuestras entrañas para poder comer. No, no lo llamen solidaridad.


Se llama pobreza, y de ella, esta sociedad enferma de valores, quiere sacar tajada a cambio de nuestra dignidad como mujeres.


Vanesa Navarro

@_PalabradeMujer