DESDE MERKELANDIA

¿MISIÓN IMPOSIBLE?

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1.- Ligar con Eva González.

2.- Hacerle un tapón a Pau Gasol midiendo 1,69.

3.- Doblar bien una sábana bajera.

4.- Marcar el gol de la victoria en la final de Champions.

¿Objetivos imposibles para cualquier mortal?

Nada de eso, amigos, todas estas cosas son fáciles de conseguir si lo comparamos con encontrar un piso o habitación en Alemania, ya me lo decía mi amigo Antonio antes de venir por primera vez, allá por el 2012: “Aquí vas a encontrar un trabajo antes que un piso”.


¡Y qué verdad! La demanda es alta y la oferta no tanto. Con eso juegan inmobiliarias y caseros, esos adorables seres que se intentan aprovechar (no todos, pero sí gran parte) de la falta de vivienda. Vamos por partes. Llegas a un país nuevo, no tienes “ni papa” del idioma, ¿Qué es lo primero que necesitas? Un techo. ¿Cuál es la primera opción? Compartir, que es más económico. Pues a buscar. Bicheas por internet, donde encuentras una gran cantidad de ofertas y, claro, empiezas a llamar. Te citan para ver las habitaciones, el ritual es siempre el mismo, demasiados aspirantes para quince metros cuadrados, mucha desesperación por conseguir tan poco espacio.


A los castings para cazar el tesoro acuden decenas de personas. Cada uno con su mejor sonrisa. ¿Qué no te gusta el piso? ¡Qué más da! ¿La habitación es pequeña para su precio? No es problema. Los compañeros tienen cara de psicópatas, ¿Y qué? Cada entrevista es una oportunidad que no puedes dejar pasar. Les confieso algo, a mí, a pesar de ser un encanto, no me escogieron en ninguna de las pruebas. Estuve dos meses dándole la lata a mis amigos, albergándome en sus pisos, sin deshacer la maleta y durmiendo en lo que acabaría convertido en un emblema. El colchón verde, mi amigo, mi colega, mi paño de lágrimas, mi confidente.



Buscarpiso


Después compartí la habitación de un hostel con once personas durante tres semanas, nunca eran las mismas. Todas mis pertenencias asfixiadas en una taquilla, eso no era vida. Entonces me enteré de que existía una residencia donde no te pedían explicaciones, ni nóminas, ni avales, ni análisis de sangre, ni un hígado por lo que pudiera pasar. Eso sí, era cara. Salía por 400 euros la habitación, un espacio en el que casi no podías ver el suelo de lo pequeño que era. Pero era mío. La sorpresa me la llevé cuando me fui, me descontaron dinero de la fianza (Kaution la llaman aquí) por todo lo que se les ocurría, entre gastos de gestión,arreglos y otras cuestiones más, casi me cobran por el oxígeno que necesitaba para respirar.


Finalmente conseguí piso como se logran en esta vida las cosas, por un amigo de un amigo que se volvía a España. Ahora, tras mi vuelta, y con el mismo método, las relaciones son oro, he tenido la suerte de conseguir un coqueto apartamento de 23 metros cuadrados en el que soy feliz. En definitiva, creo que este es el mayor de los problemas con el que nos encontramos los que emigramos a Alemania, a no ser, claro, que vengas con un buen contrato y puedas utilizar los servicios de una inmobiliaria, no es el caso de la mayoría, desafortunadamente.


La semana pasada hice una encuesta exprés entre mi grupo de Facebook de Españoles en Núremberg (hay buena gente ahí), sobre las cosas más complicadas para un español en Alemania. ¿Qué opción ganó? Encontrar piso. Y este es sólo el primer paso. Después llegan los abusos de muchos caseros (yo por ahora estoy teniendo suerte en este sentido), pero de eso ya hablaremos otro día.


Recuerda, si vienes a Alemania, ven mentalizado de que vas a sufrir para encontrar un techo pero, al final, encontrarás algo. Positividad. ¿Quién dijo que iba a ser fácil?